Con acento hispano

La crisis económica se impone a la capacidad real de hacer política y en esta batalla de un lustro que desmonta cada peldaño del Estado del bienestar, solo triunfan los discursos basados en la ley del más fuerte. La prueba más evidente de este axioma es el premio único y excelente que le han concedido los alemanes a su canciller Ángela Merkel al obtener los mejores resultados de la moderna historia democrática de Alemania. Su histórica victoria no tiene parangón, pues, si bien es cierto que el canciller Konrad Adenauer alcanzó niveles similares de apoyo electoral, lo hizo en la Alemania del Oeste con mucha menos población que la que la gran Alemania unificada que ha refrendado a “mutti” Merkel.

¿Significa esto que debemos todos asumir como buenas las políticas impuestas desde Berlín a Bruselas porque 20 millones de alemanes las hayan aplaudido en las urnas? Rotundamente no. El voto de las elecciones alemanas del pasado domingo más bien es el de una sociedad que se refugia en la seguridad de su propio bunker impasible ante lo que sucede a su alrededor. Es la más clara manifestación de miedo ante una situación de inestabilidad económica que puede ofrecer un pueblo. Y, por supuesto, que los alemanes están en su perfecto derecho de enfrentarse a sus temores de forma tan egocéntrica, de la misma forma que los demás lo estamos en hacerles ver que ese camino solo conduce a la germanofobia y al fracaso de las políticas de consenso comunes de la Unión Europea. Sin embargo, conviene ponerse en la piel del otro para tratar de comprender el fenómeno de esta mujer sencilla y sin grandes pretensiones que hoy es la lideresa de Europa. La victoria de Merkel tiene dos lecturas diferentes y dos tipos de análisis necesarios: ¿Qué motivos hay para que sea la primera mandataria europea que durante la actual crisis mantiene el cargo? y ¿qué tipo de políticas aplicará a partir de este momento en la UE dado el liderazgo económico y político que ejerce sobre Bruselas?

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De la primera cuestión se pueden extraer diversas conclusiones de carácter diverso:
– Su capacidad para que los alemanes la vean como quien mejor defiende sus intereses. Es este un factor claramente nacionalista y no debe interpretarse como negativo, pues, es mucho mejor tener a Merkel defendiendo una Europa aunque sea alemanizada, que a los euroescépticos tratando de salir del euro. Es claramente una líder nacional con una visión nacionalista de Europa.

– Da seguridad a una sociedad como lo es la alemana que con un inicio de siglo XX terrible con ruina económica y dos guerras mundiales, antepone la estabilidad propia a cualquier factor de solidaridad.

– No es cierto que sus políticas sociales hayan desmontado el Estado del Bienestar alemán, pasando por su primer mandato, de gran coalición con los socialdemócratas y ahora con los liberales, su ideología socialcristiana ha mantenido derechos y protecciones de la clase media alemana.

– La crisis no le ha pasado factura porque Alemania ha sido el país que menos la ha sufrido, por no decir que no la ha sufrido. En estos 5 años Alemania ha ganado posiciones respecto a las otras potencias de la UE como Francia, Reino Unido, Italia

– Probablemente el motivo más importante de su victoria es la falta de propuestas creíbles y realistas de la izquierda alemana. La crisis ideológica del SPD e incluso de los antiguos comunistas, es su incapacidad para efectuar ofertas que ilusionen a los alemanes. Es el fiel reflejo de la falta de capacidad de la izquierda europea. Los alemanes prefieren lo seguro aunque no levante pasiones a la nada que se le enfrenta.

Respecto a la segunda cuestión, es bastante previsible lo que puede traernos este tercer mandato de Merkel en la UE:
– Lo más lógico es que opte por una nueva coalición con el SPD aunque ahora les necesita mucho menos y, por tanto, solo pactará las grandes cuestiones nacionales y europeas con ellos.

– El programa de austeridad y ajustes presupuestarios seguirá con toda seguridad hasta que se vean cumplidos los objetivos 2015 impuestos por Bruselas a los Estados con exceso de déficit.

– En palabras suyas, Europa ayudará a quién cumpla sus deberes. Es decir, iremos poco a poco a una Europa de dos velocidades liderada por Alemania.

– La Unión bancaria avanzará mucho más rápida, pero eso sí, sin ninguna posibilidad de la entrada en vigor de los eurobonos. Eso supondrá que la financiación seguirá siendo muy limitada para pymes y que cada país tendrá que asumir sus propios riesgos.

– Sin embargo, a partir del año 2014 se empezará a plantear una nueva política de fomento del empleo, pues, Alemania no puede seguir viendo como caen sus exportaciones en la UE fruto de la caída del consumo por el desempleo.

En resumen, negar el liderazgo alemán de Europa es absurdo y el de Merkel en Alemania ahora ridículo. Lo inteligente será trabajar con ellos para adecuar los intereses particulares con los de una Alemania que marca el paso a Europa. La fuerza de la Unión y el vértigo de los conflictos del pasado bien merecen soportar cuatro años de frau Merkel y con un poco de suerte igual el peso de la púrpura y que ya tiene fecha de caducidad relajan su austero gesto.

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