Con acento hispano

El curso político que arranca en septiembre podría definirse como decisivo para la suerte del proyecto europeo. La Unión se enfrenta a retos de enorme trascendencia y a hitos institucionales únicos hasta ahora. Podríamos calificar estos próximos 12 meses de auténtica reválida de Europa. Un examen que tiene cuestiones muy diversas desde las incógnitas económicas a las propiamente organizativas y de funcionamiento de los 28. La agenda de asuntos propios es descomunal, pero las obligaciones de protagonismo en la comunidad internacional no son menores y esa posición global todavía complica más el recorrido inmediato de la UE. Seguramente a la vuelta del verano de 2014 tendremos que hablar de una nueva Europa y el rostro que nos presente dependerá mucho de su capacidad para hacer las tareas que tiene por delante, de manera que puede salir plenamente fortalecida o incluso pueda resquebrajarse como en nuestras peores pesadillas de la historia del siglo XX. Esa suerte repleta de incógnitas a las que nos enfrentamos no es responsabilidad única de nuestros representantes políticos, la obligación individual de cada europeo es absoluta, sobre todo, teniendo en cuenta la relevancia de las elecciones europeas del próximo mes de mayo. Por ello un análisis somero de los temas clave que debemos acometer resulta más necesario que nunca.

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La propia Comisión Europea a principios de año establecía su agenda de prioridades que sigue estando vigente. Consideraba que en su programa de trabajo debía poner el crecimiento de la economía y del empleo en la prioridad principal. Para ello señalaba los siguientes objetivos:

  • Hacia una auténtica unión económica y monetaria.
  • Crecer para crear empleo.
  • Más competitividad a través del mercado único y la política industrial.
  • Conectarse para competir, una relación colaborativa entre las empresas europeas.
  • La inclusión social y la excelencia en los servicios públicos.
  • Aprovechar mejor los recursos comunes de Europa para competir mejor dentro y fuera de ella.
  • Construir una Europa segura y protegida.
  • Promover la presencia de Europa como actor global.

Más allá de lo ambicioso del plan y de lo genérico de los objetivos, a la vuelta de estos primeros ocho meses del 2013, la realidad nos habla de los primeros indicios de la salida de la recesión en la eurozona y del frenazo a la destrucción de empleo. Los déficits públicos también parece que empiezan a estar controlados y salvo el caso muy reducido de Grecia, no parece que los rescates financieros vayan a ser los protagonistas a futuro. La proyección de las previsiones macroeconómicas de la Comisión nos hablan de lenta recuperación, con niveles de creación de empleo muy bajos. Por tanto, el primer gran reto al que nos enfrentamos es al de ser capaces de generar políticas de fomento del empleo o lo que es lo mismo, generar mayores niveles de demanda interna e incrementar las exportaciones de nuestros productos y servicios. Lo que verdaderamente está en juego en el diseño de la salida de la crisis es el paisaje final de la misma. Si queremos mantener nuestro actual sistema de bienestar social, base del proyecto europeo, debemos ser capaces de sostener los servicios públicos y de protección en base a una fiscalidad adecuada que no drene las posibilidades de inversión de las empresas, ni de consumo de las personas. La cuestión se centra en trabajar mejor, no más, sino con más productividad, un esquema de rentabilidad que depende hoy en día, sobre todo, de la innovación y el conocimiento de los mercados que de los costes laborales y las horas hombre. Son las empresas y los trabajadores los que más pueden hacer por mejorar las ratios de productividad de la Unión Europea, por lo que de nada vale refugiarse en la crítica fácil a los políticos para esconder las vergüenzas propias de cada cual. A la política sí le podemos exigir las condiciones de inversión en la creación del clima favorable para ese círculo de excelencia que precisamos.

La consolidación definitiva de la unión bancaria supondrá la real fusión de la economía de la UE. El día en que el Banco Central Europeo funcione como verdadero banco y reserva de la zona euro el proyecto europeo será prácticamente incuestionable, como sucedió en su día con el Banco y la Reserva Federal de los Estados Unidos de América. Quedan escasos meses para que ese sueño común sea una realidad y la supervisión de las entidades financieras sea total y única por parte del banco emisor. La posibilidad de emitir deuda común con la garantía euro y de más de 500 millones de habitantes cambiará radicalmente los planteamientos de los mercado internacionales y consolidará definitivamente el euro. Salvo accidente imprevisto de última hora, el tren de la unión bancaria tiene ya plazo de llegada a su destino. Todo el complejo entramado técnico monetario deberá estar concluido y puesto en marcha antes de las elecciones europeas de mayo de 2014. El Consejo Europeo de primeros de dicho mes, deberá botar definitivamente este buque insignia de la Unión. Alemania que ha sido el principal enemigo y dilatador de este objetivo, una vez pasados sus comicios de octubre, debería allanar el camino hasta la meta fijada.

Desde el punto de vista organizativo y de funcionamiento institucional, dos son los grandes retos de la UE en este curso: el programa marco Horizon 2020 y el despliegue del Servicio de Europeo de Acción Exterior (SEAE). Nos enfrentamos a un nuevo plan financiero plurianual que abarcará desde enero de 2014 y hasta diciembre de 2019. Seis años con una nueva definición conceptual de las ayudas europeas. Europa ha puesto sus objetivos prioritarios en la investigación, la innovación y la sostenibilidad energética. El resto de ayudas se concederán a los Estados o regiones objetivo 1, es decir, con niveles de desarrollo por debajo de la media europea. El motor básico de la UE será la gestión del conocimiento y la gestión eficaz de los recursos medioambientales y energéticos. Además, pasarán a ser las empresas y universidades, y no las administraciones, las principales protagonistas de la recepción de ayudas a proyectos. Este cambio total de mentalidad, sin duda, requiere de un periodo de formación acelerado para conocer las nuevas vías de financiación y para montar redes de contactos en distintos países de la UE para acudir a las licitaciones de ayudas. Esa colaboración es otro de los principales objetivos que se persigue con el nuevo programa marco y de la voluntad de las empresas dependerá su éxito o fracaso. Respecto al SEAE, más allá de la dificultades burocráticas que su despliegue significa, el verdadero reto consiste en dotar a la Unión de un verdadero servicio diplomático global. A finales de año deberá haberse completado su primera fase y habrá que evaluar sus resultados y revisar los presupuestos a futuro. Además en 2014 los Estados miembros podrán decidir los servicios que quieren les realice el SEAE e incluso de que delegaciones diplomáticas piensan prescindir para ser representados por el Servicio, en aquellos países que no sean de relevancia especial para ellos.

Pero sin duda, el momento de máxima trascendencia del calendario del curso político europeo, vendrá marcado por la fecha de las elecciones europeas, 25 de mayo de 2014. El Parlamento que todos los europeos con derecho a voto elegiremos tendrá una enorme trascendencia concedida por el Tratado de Lisboa. Esos eurodiputados tendrán la tremenda responsabilidad de elegir al presidente la Comisión Europea, que ya no será nombrado por los gobiernos de los Estados miembros. Y será ese político electo quien presentará su equipo de gobierno al propio Parlamento Europeo para su aprobación uno a uno. Este cambio en la fórmula de designación acerca claramente Europa a la elección directa de sus gobernantes, por lo que la evolución del funcionamiento de sus instituciones este cambio tendrá un peso garantizado. Ese o esa presidenta de la Comisión, es evidente que tendrá que tener muy en cuenta la voluntad de los líderes de los gobiernos nacionales, expresada en el Consejo Europeo, pero seguro que tendrá más presente aún que quien le nombra y le cesa son los eurodiputados. A la vista de las encuestas que se manejan, el tradicional bipartidismo europeo – centroderecha / socialdemócraras – parece cercano a romperse con múltiples minorías desde la ultra izquierda y ultra derecha a verdes y movimientos euroescépticos o nacionalistas. Ese panorama hace aún más difícil prever las condiciones del rodaje de la nueva eurocámara y sus responsabilidades reforzadas.

La realidad es que la agenda detallada no hace sino cargar la prueba del europeismo en los ciudadanos. Bien sea como trabajadores, empresarios o votantes, este curso estamos más obligados que nunca a expresar la Europa que queremos. De nada sirve que construyamos una superestructura política en Bruselas, si no aprovechamos el ser más para ser mejores. La exigencia a nuestros gobernantes debe tener la contrapartida de la exigencia propia de los deberes como ciudadanos europeos. Los mimbres están puestos, las instituciones y las políticas generales europeas están básicamente enfocadas para acometer la reválida de Europa. Ahora toca ponerse a la tarea individual y presionar como nunca a esos políticos que viven de su ombliguismo localisla para construir una Unión más sólida y con más protagonismo en la escena mundial. Cómo salir de la crisis y la fisonomía futura de Europa dependen en gran medida de lo que suceda en este próximo curso. Los ciudadanos convivimos a base de derechos pero también de obligaciones y ahora tenemos la obligación de informarnos, formarnos, debatir, trabajar y votar, pensando más en Europa.

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