Con acento hispano

Se me ha muerto como del rayo, José Luis Sampedro, a quien tanto debía. Y espero me perdone mi admirado Miguel Hernández en la gloria de los poetas muertos por robarle un gesto de su Elegía por Ramón Sijé, para traer a la memoria a mi sabio profesor que longevo y prolífico ha dejado la vida y el mundo esta semana. Lo traigo a este blog por devoción, que en boca de un descreído como es mi caso cobra doble valor; por que me lo pide el cuerpo sediento de vida ejemplar y porque la actualidad plagada de valores perdidos puede encontrar en su palabra caminos ante la encrucijada que nos provoca la crisis. Seré más breve que de costumbre porque mi querido profesor por recato y decoro odiaba los homenajes y censuraba la grandilocuencia por innecesaria.

Recuerdo la mañana de estudiante que cree poderlo saber todo, enfrentado a la Estructura Económica Mundial cómo apareció su figura clásica entre los clásicos, enjuto de rigor de quien le sobra la grasa porque daña al pensamiento. Mirada profunda de la profundidad de la hondura de quien lleva las preguntas del ser humano en la mochila del subconsciente. Arropado por una barba reflexiva entonces al uso de eruditos a la violeta y en su caso de por vida estética. Pero, sobre todo, imponía respeto a primera vista su sencilla humildad, la que confiere la categoría de sabio por decantación. Llegó a mi clase en silencio como se fue de este mundo, pero su palabra se hizo presente propio porque Sampedro no callaba para ser plácido a nadie. “Escuchadme bien, atendedme bien, aunque sea el único día de clase que queráis entender algo de lo que os diga a lo largo del curso . Primera y última lección de la que estoy seguro: el rico existe y es rico, porque el pobre existe y es pobre. La codicia humana explica la Estructura Económica Mundial. Mientras no cambiemos los valores de nuestra sociedad, seguiremos buscando teorías económicas para justificar la injusticia social”.

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Y así pasaron los días escuchando la simplicidad de sus palabras sin necesidad de fórmulas alambicadas, sin adjetivos que maquillan las verdades. Verdades como puños de esa izquierda universal que se remueve en la conciencia de hombre ante el dolor ajeno. Que denuncia la misericordia porque demanda la solidaridad. Que busca el reparto porque entre todos las penas son menos y la alegrías plenas. Lecciones de siempre, que no entienden de primas de riesgo, de ingeniería financiera o de especuladores de dineros negros. Al final todo resultaba fácil de explicar y de entender cuando se está dispuesto a aceptar la verdad del egoísmo como bandera corsaria de ir por la vida.

Luego vino la Literatura y sus libros mayúsculos de prosa poética nos dieron la medida de su capacidad de trabajar la belleza desde cimas de sensibilidad también sólo a recaudo de los sabios. Le llegó la fama y le abrumó la popularidad a la vez que nuestro mundo se volvía más y más frívolo. Nos sobraban las ideas y sus pensadores, a la velocidad que nos comprábamos el último adorno de consumo o que nos hipotecábamos para la tercera vida. Y se fue yendo a su exilio dorado de sabio incomprendido y un punto de incómoda conciencia de una sociedad simia que ni oía, ni pensaba, ni hablaba.

Sus alumnos seguimos leyéndole, escuhándole en las catacumbas de nuestros compromisos conscientes de que su doctrina nos hace libres, laicos pero libres. Y a medida que la crisis nos puso desnudos contra la pared del absurdo de un neocapitalismo borracho de si mismo, sus palabras retumbaban más fuerte en nuestra memoria como el martillo pilón de la razón. Ahora que se nos fue su presencia y que nos queda su memoria escrita, os dejo un racimo de pensamientos deslabazados de mi sabio profesor José Luis Sampedro en una suerte de liturgia barata o recordatorio agnóstico para transitar éticamente por la vida. Espero que os sean tan útiles como para mí lo han sido. Gracias profesor.

1. Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada.
2. El tiempo no es oro; el tiempo es vida.
3. Se habla mucho del derecho a la vida, pero no de lo importante que es el deber de vivirla.
4. Poner al dinero como bien supremo nos conduce a la catástrofe.
5. Los recortes se aceptan por una de las fuerzas más
importantes de la humanidad, el miedo.
6. No hemos aprendido a vivir como humanidad, la humanidad está por hacer.
7. En abril de 1939 comprendí que no habían ganado los míos. Ni los unos ni los otros eran los míos.
8. Seguimos sosteniendo las mismas barbaridades, las mismas crueldades, las mismas salvajadas. ¿Cómo es posible eso? ¿Cómo no hemos aprendido a vivir, a vivir en paz, a vivir con la
naturaleza, a vivir con sosiego?
9. Cuando digo Humanidad exagero, porque creo que Humanidad no hay; hay seres humanos. Llevamos dos mil años desde la Antigua Grecia, se ha progresado técnicamente de una manera fabulosa (…)
10. El sistema capitalista se acaba.

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