Con acento hispano

Entre el 26 y el 29 de noviembre la Fundación EULAC (Unión Europea América Latina Caribe) ha promovido la celebración de una cumbre de editores de medios de las dos regiones para discutir sobre los problemas de comunicación y de percepción mutua que existen entre las dos opiniones públicas de uno y otro lado del Atlántico. Bajo el título “Invertir en conocernos”, directores de prensa, radio y televisión de los 27 miembros de la UE y de los países que integran CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños) se reunirán en el viejo y solemne edificio del viejo Senado de Santiago de Chile, que escuchó como último presidente rindiendo cuentas de su gestión a Salvador Allende. La reunión de la Fundación es preparatoria de la Cumbre Unión Europea – CELAC de jefes de Estado y de Gobierno que tendrá lugar también en Santiago el próximo mes de enero y, por tanto, sus conclusiones serán entregadas al Gobierno de Chile para que las incorpore a la agenda de temas a tratar por los altos mandatarios. Parece un hecho relevante que por vez primera los políticos reciban las recomendaciones de los periodistas para que los ciudadanos nos entendamos mejor y seamos capaces de entender las diversas sensibilidades de unos y otros. Como organizador del Congreso, he tenido la oportunidad esta semana de entablar contacto con medios de comunicación, empresarios y el gobierno chileno, una ocasión para tomar el pulso a este pequeño país austral de prestigio internacional bien ganado que crece económicamente de forma sólida. Todo un ejemplo desde lo pequeño pero fuertemente identitario de viabilidad racional.

Para los chilenos las teóricas dificultades de su compleja y estrecha extensión y su poca población respecto a sus vecinos, se ha convertido en el auténtico reto de superación nacional. En poco más de una franja litoral y andina de 4200 kilómetros cuadrados, sus 16 millones de habitantes alcanzan índices de calidad de vida, crecimiento económico, desarrollo humano, globalización y PIB per cápita, que se encuentran entre los más altos de América Latina. Sin ir más lejos, el viernes anunció su crecimiento interanual agosto/agosto que se situó en 6,3% de crecimiento, eso si como me aclaró el presidente de la Cámara de Comercio, en septiembre bajará porque los chilenos tuvieron un puente festivo – alguna vez descansan -. Y es que en América Latina a Chile la llaman el Japón o la Alemania latina, pero la salvedad es que la potencia nipona tiene 127.000 millones de habitantes y la germánica 82 millones. Desde las tremendas crisis que vivió en los 70 y los 80, fruto de la crisis del petróleo y de los precios de los minerales y, sobre todo, del incremento de los tipos de interés internacionales que provocó una insostenible hiperinflación, Chile se ha convertido en una economía estable que ha crecido en los últimos treinta años por encima del 4%. Es el país latinoamericano con un porcentaje mayor de clase media, es más, en 2010 Chile fue clasificado como un país de renta media-alta por el Banco Mundial. En 2011, el PIB en su valor nominal fue de 248.602 millones de dólares y el PIB per cápita de 17.076 dólares.

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La tasa de desempleo en Chile es del 6,4% de la población activa, baste recordar que en España es del 25% y la media europea del 11%. La escasa desigualdad de género, cuyo índice en Chile fue de 0,374 en 2011, también incide como variable en el dinamismo de la economía chilena. Chile se ha convertido en plataforma de inversiones extranjeras para otros países de América Latina y muchas empresas han comenzado a instalar sus sedes corporativas en Santiago. También tiene una importante presencia en inversiones en el sector servicios en Latinoamérica. Según datos de 2009, tanto la capitalización bursátil del país, también llamada valor de mercado, que llegó a más de 209.475 millones de dólares, como la inversión extranjera directa, que alcanzó una cifra de más de 12.701 millones de dólares, se encontraban entre las más altas de América Latina. Tras años aislado, el país se ha convertido en un mercado abierto al mundo. Chile ha suscrito diversos tipos de tratados comerciales —acuerdos de asociación estratégica, tratados de libre comercio, acuerdos de complementación económica y acuerdos de alcance parcial con 58 países, que representan el 60% de la población mundial. Sus principales socios comerciales son la Unión Europea, Estados Unidos, Corea del Sur, China y el Acuerdo P4 (Acuerdo Estratégico Trans-Pacífico de Asociación Económica -. Asimismo, está integrado a diversos foros económicos, como la APEC, y es miembro asociado tanto de la Comunidad Andina como del Mercosur. En 2010, Chile se convirtió en el primer miembro pleno de la OCDE en Sudamérica y el segundo en América Latina debido al reconocimiento en los avances económicos de las últimas décadas, al desarrollo social y a la fuerte reestructuración institucional. Esa increíble actividad de relaciones internacionales de la mano de una diplomacia preparada e inteligente es una de las claves del éxito del país.

La inversión pública lejos de mantenerse en escasos niveles ha venido creciendo de mano de gobiernos neoliberales como socialistas, situando el déficit público en la actualidad en un 9,2% del PIB. Cabe preguntarse desde Europa porque nosotros tenemos que mantener tasas de déficit por debajo del 3% con más del 11% de paro y la actividad estancada y los chilenos pueden gastar más, endeudarse más, para crecer al 6% y crear empleo sostenido. Otra de las claves que explican la buena marcha de Chile es su composición demográfica. Aunque el Estado no hace clasificaciones étnicas de su población y, más bien, la considera un grupo étnicamente homogéneo, existen fuentes que consideran que el grueso de la población chilena pertenece a dos grandes grupos étnicos, criollos y mestizos, que juntos constituyen el 95,4% de la población. Solo un 4% se declara indígena de la etnia mapuche. También ha sido un país que ha recibido escasa población inmigrante, con tasa de migración de 0,35 migrantes por cada mil habitantes y una de las más bajas de Latinoamérica en 2012. Sin embargo, se ha convertido en una tema de fuerte debate la entrada de peruanos en el territorio chileno en busca de empleo dado el fuerte crecimiento del país austral. 250.00 peruanos, con un alto porcentaje de mujeres se instalaron en Chile el pasado año, una cifra inusual para un país que ni emigra, ni recibe inmigrantes. El problema fundamental es que la clase media chilena, formada en buenas universidades públicas y privadas no admite empleo de baja capacitación que están siendo demandados y cuyos destinatarios últimos están siendo los emigrantes. El crecimiento de la población se ha reducido en los últimos años, empieza Chile a sufrir una de las enfermedades endémicas de los países más desarrollados, la baja natalidad. Por contra y fruto de la calidad de vida imperante en el país, la esperanza de vida de los chilenos fue la más alta de Sudamérica en 2011. En 2009, esta era de 78,4 años: 75,7 para los hombres y 81,2 para las mujeres.

Con todos los claroscuros que se le puede poner a la circunstancia económica y social de Chile, la realidad es que respecto a su entorno latinoamericano, en las tres últimas décadas se ha convertido en un referente de estabilidad y progreso. Baste un dato para entender la capacidad de los chilenos para salir adelante en la adversidad. El 25 de marzo de 2012 sufrió un terremoto de más de siete grados en la escala Richter, que no fue sino una réplica del terrible sismo que sufrieron solo dos años antes en marzo de 2010. La preparación del país para estas tragedias en su construcción y el dispositivo de emergencias nacional evito muchos víctimas humanas, pero los daños materiales en ambos casos fueron cuantiosos y, sin embargo, tras caer en 2012 el crecimiento al -1% ese mismo país devastado creció en 2011 un 6% y va camino de hacerlo en esos parámetros en 2012. La reconstrucción se convirtió en un objetivo nacional y solo año y medio después de dos tragedias de esa naturaleza el país funciona a pleno rendimiento.

Lejanos los días del intento de revolución democrática socialista de Salvador Allende, en la memoria histórica de las víctimas la brutal dictadura del general Pinochet, Chile trabaja no sin críticas y contestación a las políticas de este o el anterior gobierno, pero entorno a un referente de país común, fuertemente liberalizado, pero con el papel de lo público muy presente y abierto a las relaciones internacionales. Sobre estas bases sustenta Chile su crecimiento desde el convencimiento que ser pequeño lejos de ser un problema puede convertirse en una virtud. Ese elogio de lo pequeño que hoy se pone en duda en Europa y más en España, que sacraliza la globalización con una mirada pacata como si ser global fuera sinónimo de ser grande, tiene en Chile un ejemplo a seguir.

Paseando por el barrio de La Bellavista en Santiago, a los pies del Cerro San Cristóbal desde el que se divisa la urbe a los pies de los todopoderosos Andes, me topé con La Chascona, la casa santiagueña de Pablo Neruda. Y recordé sus versos de poeta universal, pero de profunda alma chilena de su Cántico general, “El pueblo victorioso”:

“Está mi corazón en esta lucha.
Mi pueblo vencerá. Todos los pueblos
vencerán, uno a uno.
Estos dolores
se exprimirán como pañuelos hasta
estrujar tantas lagrimas vertidas
en socavones del desierto, en tumbas,
en escalones del martirio humano.
Pero está cerca el tiempo victorioso
que sirva el odio para que no tiemblen
las manos del castigo,
que la hora
llegue a su horario en el instante puro,
y el pueblo llene las calles vacías
con sus frescas y firmes dimensiones.

Aquí está mi ternura para entonces.
La conocéis. No tengo otra bandera.

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