Con acento hispano

El triunfo de François Hollande en las elecciones presidenciales francesas a hecho correr por Europa la especie de falso debate entre los defensores de la austeridad y los partidarios del crecimiento economico. Como si una cosa estuviera reñida con la otra, cuando realmente una es condición para la otra o ambas son simbiosis de la buena praxis de la gobernanza. Cierto es que la politica impulsada por la Canciller alemana Angela Merkel y seguida a pies juntillas por el expresidente galo, Nicolás Sarkozy de ajustes presupuestarios, a base de recortes sociales para alcanzar el sagrado totem del déficit cero, han provocado un movimiento pendular hacia el lado de las propuestas de inversión para fomentar el crecimiento. Un péndulo más movido por los ciudadanos a la hora de votar, que por las propias propuestas de los socialdemócratas con proyectos alternativos a los de los conservadores. La crítica de la izquierda en una Europa de nuevo en recesión y sus vagos guiños de esperanza al electorado, han sido suficientes para empezar a desalojar a la derecha gobernante.

Pero de momento, más que por una alternativa, por lo que la gente ha apostado es por la alternancia a ciegas. Los europeos, elección tras elección, estamos convirtiendo la política en una suerte de batidora que tritura a todo gobernante que ha tratado de gestionar la crisis, más allá de su color ideológico o de la fortaleza de sus líderes. Brown, Papandreu, Berlusconi, Sócrates, Zapatero, Cowen, Rutter, Sarkozy y previsiblemente Merkel que lleva un rosario de derrotas en elecciones en los länder, han engrosado la larga lista de políticos engullidos por la vertiginosa marcha que ha impuesto la crisis. Superar un mandato, el mínimo de cuatro anos, se ha convertido en el plazo de quita y pon a que estamos sometiendo el ritmo de decisiones políticas. Tal estress, aunque resulta lógico dada la ineptitudo de todos ellos para enfrentarse a los problemas, no parece el clima más adecuado para llevar a cabo un programa de medidas solvente con proyección a medio plazo. Queremos soluciones y las queremos ya, sin pensar que probablemente las soluciones solo vendrán del cambio de modelo y para ello se precisa reflexión, ideas y tiempo para que funcionen.

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Ese es el camino del new deal europeo, una nueva era del viejo continente que debe rejuvenecerse en todo. Los requisitos que señalan aquellos que aún se dedican al desprestigiado oficio de pensar en Europa, establecen una serie de premisas para empezar a transitarlo. Los principales think tank europeos han propuesto un decálogo para salir de esta crisis sistemica. A saber:

1. Compromiso: sin una apuesta decidida de pueblos y gobernantes para salir adelante, sin un nuevo contrato social entre todos, no hay futuro. El espacio europeo primero tiene que ser creíble y para eso tenemos que creernoslo los europeos, sentirlo y desearlo. Solo de esa pasion útil surgirá la defensa de Europa como algo propio.

2. Sacrificio: la construcción europea se basa en la cesión y en el sacrificio de todos para todos. La cultura del esfuerzo debe ser proporcionada, una forma de ser de la Unión tan imprescindible para evitar agravios comparativos dentro, como para ser tomados en serio por las potencias internacionales y no ser vistos como el club de los ricos ociosos del mundo.

3. Colaboración: abrir fronteras, posibilitar el movimiento de mercancias, capitales y personas, dotarnos de instituciones y monedas propias ha supuesto una ingente tarea política de más de medio siglo. Debemos preguntarnos cada uno de los ciudadanos europeos si estamos aprovechando esa maravillosa oportunidad que hemos sido capaces de proporcionarnos. Las posibilidades de colaboración entre empresas, entidades locales e individuos son aun enormes y porqué no hemos puesto en valor ni un 10 por ciento de sus posibilidades, segun los estudios de la Comisión Europea.

4. Juventud: los principales cambios de era en Europa los han liderado los jóvenes, siempre han actuado de vanguardia política, artística o científica. Darles el protagonismo que requieren y un futuro esperanzador es un requisito imprescindible para nuestra supervivencia.

5. Educación: solo creceremos si formamos mejor a las generaciones futuras. Nuestros centros educativos desde primaria a secundaria y, de forma muy especial, universitaria, son el eje del valor añadido del proyecto europeísta. Debemos aspirar a la excelencia educativa y volver a ser referente mundial de pensamiento.

6. Innovación: nuestros productos y servicios pueden diferenciarse por sus procesos innovadores y de investigación, distinguiéndose de competidores mundiales cuantitativos y de bajo coste. No debemos aspirar a convertirnos en un espacio de reducción de precios y de derechos como si fueramos un país emergente.

7. Solidaridad: somos más de 500 millones de habitantes con iguales derechos y debemos serlo con las mismas oportunidades. Consolidar y no perder el carácter social de Europa es una necesidad para seguir gozando del mayor espacio de paz y seguridad mundial.

8. Democracia: la transparencia y el ejercicio participativo de nuestras sociedades es un requisito básico para que los ciudadanos se sientan parte de un todo. No somos un colectivo dirigido a un objetivo ciego, con una meta de crecimiento planificado, somos un conjunto de pueblos diferenciados, con diversidad de culturas que deben ser respetadas siempre, aunque nuestros ritmos sean mas lentos de lo deseable.

Y llegamos al corolario que hoy centra el debate:

9. Austeridad: no gastar lo que no se tiene, realizar previsiones ajustadas de ingresos y gastos, llevar a cabo una gestión pública fiscalizada y con un correcto plan de prioridades, debe ser un forma de ser que no puede verse alterado por los vaivenes de los ciclos económicos.

10. Crecimiento: ese ansiado afán de toda sociedad que significa traducir los incrementos del PIB en riqueza y desarrollo social, solo puede venir de la aplicación de los nueve anteriores puntos de este decálogo. No existen recetas o medidas mágicas, que tornen la recesión en crecimiento por el mero hecho de poner en marcha una serie de cortoplacistas medidas reactivadoras. No hay otro plan Marshall para Europa que pueda servir, porque ni hemos vivido otra guerra, ni EE.UU. nos tienen que salvar. La solución está en nosotros, la solución es Europa.

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