Con acento hispano

España encara un semestre que se antoja complicado y con una agenda de problemas aún por resolver cuya suerte final puede condicionar en gran medida el futuro de sus ciudadanos a medio plazo. Nos lo ha dejado dicho la Secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton, en su visita relámpago a Madrid: “Comprendemos lo difíciles que son esos pasos y sabemos que España todavía encara importantes desafíos”, expresaba en relación al proceso de reformas emprendido por el gobierno Zapatero y al camino que queda por recorrer. La jefa de la diplomacia estadounidense vino a leernos la cartilla de las tareas marcadas desde la ortodoxia económica y monetaria de la Casa Blanca como si su preocupación fuera que los responsables políticos españoles pudieran relajarse ante un periodo electoral que siempre se convierte en una tentación para el “overpromise” y los brindis al sol con el presupuesto de todos.

Entrevista en Moncloa con Zapatero, encuentro en Zarzuela con el Rey – con las muletas convaleciente de su operación de rodilla, pero ¿quién no se pone en pie cuando te visita la señora del todopoderoso terrenal? – y a petición de Clinton, cita en la embajada USA con Mariano Rajoy – que debió sorprenderse de la mala educación yanqui al privarle del descanso de líder de la oposición de un sábado por la tarde -. En un pispás pasó revista a los que hacen o deshacen el Boletín Oficial del Estado y en un mar de sonrisas forzadas repasó el duro elenco de deberes que a los españoles se nos avecinan en el segundo semestre del 2011 – tercer año triunfal de la crisis económica -. Nos comprende y nos anima a seguir por la senda de los recortes sociales, insufla moral a la tropa para que nos parezcamos cada vez más a ellos: a un maravilloso país de oportunidades, donde se castiga al perdedor sin sanidad y sin educación para sus hijos. Nos arenga enardecida a continuar haciendo esfuerzos para corregir los desequilibrios de una economía que se vino abajo cuando crecía a ritmos superiores al 4% porque unos amigos suyos de Wall Street Goldman Sachs, Madof, hipotecas basura… – la liaron estafando a medio mundo. En resumidas cuentas, nos obliga como casi siempre a pagar los platos rotos.

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La economía EE.UU. no es capaz de salir de la crisis por sus propios medios, muestra una fatiga endémica todo un síntoma de que el imperio languidece y que como en Roma, a las puertas de sus límites los nuevos bárbaros – con China a la cabeza, India, Brasil, Turquía… – presionan al sistema con su liquidez de millones de pobres menos pobres, para que las reglas del juego cambien. Mientras nosotros los europeos nos endeudamos hipotecando un futuro incierto, que seguramente no tenemos, para tratar de seguir viviendo en el último reducto de la civilización libre y solidaria. Y en esta III Guerra Mundial silente, donde las bombas las tiran las agencias de rating y los mercados son los campos de batalla, el Ejército Aliado que integran el FMI y el BCE tratan de evitar que el Día D y la hora H, desembarquen los nuevos señores del mundo a conquistar las Bolsas internacionales y celebrar su particular desfile de la victoria. Tal vez en eso haya consistido el affaire DSK y tal vez por ello, el político francés – culpable o no de acoso sexual, personaje de baja estopa moral para dirigir el mundo – se viera inmerso en un complot para cambiar de general en jefe. Así en menos de dos meses, el mando unificado ha cambiado a Trichet, un ortodoxo presidente del BCE ultra del euro, por Mario Draghi, que fuera vicepresidente para Europa de Goldman Sachs 2002 a 2060, cuando se estaba preparando el estallido de la guerra, y al propio Dominique Strauss-Kahn, un heterodoxo socialista por la liberal conservadora ministra de Finanzas gala, Christine Lagarde.

El imperio sigue tratando de blindarse y mantiene los frentes bélicos allende fronteras. Clinton también nos habló de la retirada gradual de Afganistán, donde debemos seguir pagando con muertos hasta que nos digan y de la operación en Libia, donde sin muertos, pero también más de lo mismo: haremos lo que nos vayan diciendo que hay que hacer. ¡Qué grata visita de sábado! Todo en orden y de vuelta al home sweet home a seguir defendiendo a la humanidad de nuestros propios desmanes. Aquí mientras nos quedamos con cara de pocas fiestas sabiendo que cuando el verano apague las luces del solsticio de verano, el otoño nos traerá el frío ambiente de una realidad plagada de problemas, impagados y desahucios. Por mucho que los indignados del 15M salgan a la calle, se concentren en una plaza o traten de impedir la ejecución de una orden judicial a las puertas de una vivienda, Hillary Clinton ya nos ha anunciado nuestro destino: “enfrentarnos a difíciles desafíos”. Todo un ejercicio de cinismo diplomático y de lenguaje críptico para decirnos que la vida cada día será más dura para los españolitos de a pié y que ese universo de derechos que consagra nuestra Constitución empezará a convertirse en papel mojado página a página.

¿Qué agenda nos trae el último cuatrimestre del año? Primero despejar el surrealista panorama político con un Partido Socialista al que le han crecido dos cabezas – Zapatero y Rubalcaba – y que cual hermanos siameses tratan de convivir hasta el final de legislatura. Una oposición del Partido Popular que tiene tanto vértigo a ganar ya como a que pase el tiempo y pueda perder sus opciones de una mayoría absoluta que todo el mundo anuncia. Unos partidos nacionalistas – CiU y PNV – que deshojan la margarita de si deben dejar agonizar al PSOE o si le conviene forzar las elecciones anticipadas para evitar la mayoría absoluta con que sueñan los populares. Unos y otros pierden los días con el calendario en la mano buscando domingos de octubre, noviembre, enero, febrero o marzo para llamarnos a las urnas, sin caer en la cuenta la mayoría tiene claro que venga quien venga a gobernarnos seguirá pendiente de que un sábado cualquiera aterrice en Barajas la señora de Washington para decirles lo que hay que hacer o llamarán de Bruselas en videoconferencia – como le hicieron ayer a Grecia – para comunicarnos si nos siguen avalando la deuda o no. La única decisión soberana que les queda a nuestros políticos es la de la liturgia cuatrienal de convocar las elecciones y repartirse en alternancia corrupta los cargos.

Pero hagan lo que hagan tendrán que dejar aprobado en el Congreso actual el techo de gasto de los presupuestos generales del Estado. Más recorte, menos capacidad de inversión pública en Sanidad, Educación, Investigación, Innovación, Vivienda, Infraestructuras, Dependencia… Lo justo para pagar parados y pensiones. Una Administración empobrecida sin margen de maniobra política. Un sistema financiero que reforma las cajas de ahorro a toda velocidad, mal vendiéndolas en bolsa y temblando por los resultados del segundo test de stress. Y unos bancos que deben hacer frente a los vencimientos de sus créditos sobre la losa de activos tóxicos inmobiliarios que pesa sobre ellos. En resumen, que lo mejor es que el verano nos traiga descanso y relax para afrontar los “difíciles desafíos” que la pitonisa Hillary nos anuncia. Eso y, por supuesto, tener la actitud individual de salir adelante aportando trabajo e ideas al esfuerzo colectivo por tratar de salvar el modelo de sociedad que nos hemos dado, aunque solo sea para que la próxima crisis no tengamos que recibir la reprimenda primero y la palmadita en la espalda después por pagar el precio de nuestros errores.

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