Con acento hispano

El autodenominado movimiento de los “indignados” del 15M o como a ellos mismos también les gusta ser reconocidos internacionalmente “the spanish revolution“, trata de consolidar su presencia mediática día a día. Lo se inició en la Red y fluía sin dificultados al amparo de Internet, encuentra serias dificultades y contradicciones en sus planteamientos desde que decidió dar el paso definitivo de conquistar la calle. Un camino en el filo de la navaja que trata de eludir expresiones de violencia como las que se dieron esta semana en Barcelona ante el Parlament de Catalunya y pretende aportar propuestas a una sociedad que más que indignada está harta de ser utilizada por unos y por otros. La posibilidad de que el 15M caiga en el mismo saco que los políticos y sea vista por la sociedad como un movimiento instrumentalizado, es cada vez mayor, con lo que si no son capaces de lograr algo, alcanzar algún objetivo, incluso aunque alguno de éstos fuera antisistema, se quedarán en un desfile de radicales ultras de izquierda y de derecha, aderezados por los movimientos que llevan décadas saliendo a la calle – gays, lesbianas, feministas, anticapitalistas… – y un conjunto dispar de friquismo patrio.

Repetir una vez más que la indignación está perfectamente justificada por la situación económica y social que vive España resulta ya ocioso. Es evidente que esta crisis no resulta fácil de comprender para nadie, dado que nadie se siente culpable de su existencia. El ciudadano observa perplejo como se va desmantelando todo aquello que le había sido dado y cada día tiene más dificultades para llegar a fin de mes los que tienen la suerte de tener un trabajo digno y no forman parte de la legión de españoles parados o de los españoles sumergidos en el empleo ilegal. Además y lo que es más grave, nada ni nadie es capaz de ofrecerles una perspectiva de salida de esta situación, una esperanza, una ilusión, una meta a la que dirigirse, un camino a recorrer aunque fuera duro y tortuoso. Así las cosas es lógico que carguen contra todo lo que se mueve, que expresen su cabreo contra políticos y banqueros. Y es aún más comprensible que no dejen títere con cabeza de la virtual unión en torno al euro que representa la UE. Por tanto, agregar el grito de descontento en una manifestación o en concrentraciones parece fácil dado el caldo de cultivo que se ha instalado en nuestra sociedad.

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No escuchar este aullido social puede resultar tan grave como convertirlo en el eje del cambio que se precisa. Sería tanto como nombrar director general de tráfico a un accidentado o ministro del interior a una víctima del terrorismo. Por profundas que sean las razones para la crítica, nunca el crítico puede sustituir al artista. Esa debería ser la esencia de un movimiento de esta naturaleza, sacudir las conciencias, advertir del problema y del enfado, alarmar a los responsables de la situación creada… Todo digno y adecuado, mientras no traspasen tal terreno de juego, porque de hacerlo caminan en el filo de la navaja. Se pueden precipitar por un universo de contradicciones internas que les lleven a diluirse en el tópico de unos titulares en los medios de comunicación. Proponer alternativas, crear ideas que muevan el mundo y ser capaz de bajarlas de la nube a la tierra, es mucho más que acampar en la Puerta del Sol o recorrer un domingo festivo las calles de Madrid. ¡Así se indigna cualquiera!

Además no deberían olvidar los “indignados” oficiales que la indignación es un sentimiento que no se fundamenta cuando a uno le tocan el bolsillo propio. Ha hecho falta una crisis en sus hogares para que su conciencia social despierte, cuando el mundo no es más que un repertorio de injusticias severas y flagrantes violaciones de los derechos humanos más básicos. O es que el hambre, las guerras o los genocidios culturales no existían antes del 15M. Hay en este movimiento un poso de egoísmo de sociedad acomodada, acostumbrada a que le den todo hecho, que se rebela cuando se le ponen las cosas difíciles y no tiene resortes propios para cambiar el curso de los acontecimientos. Es como un enorme coro infantil llorando y pataleando sin rumbo. Se les olvida también que los últimos treinta años en su país han vivido del crecimiento y del desarrollo, logrando mejoras sustanciales colectivas y particulares, pasando de una renta per cápita media de 5000 dólares del año 80 a los casi 30.000 dólares actuales. En tres décadas hemos multiplicado por seis nuestra riqueza pero este proceso no ha estado exento de problemas y graves dificultades – reconversiones industriales, desmantelamientos enteros de sectores, crisis bancarias… – Probablemente el principal problema que tiene hoy nuestra sociedad es que nadie se ha atrevido a decirnos que el gratis total no existe y que nada se consigue sin esfuerzo y trabajo. No ha habido arrojo para ejemplarizar los sacrificios y se ha ensalzado la consecución del dinero fácil, el consumo por el consumo más allá de las posibilidades propias y ello nos ha llevado a pensar que lo que teníamos era para siempre.

Yo no sé si lo que necesitamos es una revolución o trabajar más y protestar menos. Peor tengo claro que deberíamos empezar por reconocer lo que valen las cosas que tenemos antes de quejarnos. Poner en valor la sanidad o la educación pública que tenemos hoy, de calidad y universal. Las infraestructuras aéreas, portuarias, ferroviarias y de autovías que nos han acercado a todos con todos. Las pensiones que por cortas que sean garantizan un mínimo de dignidad a nuestros mayores. O el seguro de desempleo que sigue paliando situaciones angustiosas de miles de familias que han perdido su trabajo en esta crisis. Cosas que siguen ahí por las que vale la pena luchar, porque debemos salir del engaño en el que hemos vivido muchos años pensando que son realidades conquistadas inmutables y eternas. Preservemos los mínimos de una sociedad de convivencia solidaria sin dar por supuesto que tenemos derecho a ellos. Creemos obligaciones para los ciudadanos que sean capaces de hacer posible la sostenibilidad del ejercicio real de los derechos. Y me temo que eso empieza por uno mismo, sin esperar a sumar en un colectivo o integrarse en una manifestación. Las actitudes individuales mueven la voluntad general con mucha más fuerza que las reivindicaciones de movimientos internautas o callejeros. Lo que le falta a nuestra sociedad es madurez, planteamientos personales de responsabilidad, en vez de ampararse en el juego infantil de una masa que busca el amparo de los micrófonos y las cámaras de los medios de comunicación.

Si se quiere hacer política y transformar las cosas desde la política solo existen dos caminos: o se presenta uno con las reglas del juego existentes para intentar cambiarlas desde dentro, pero dando la cara sin ampararse en movimientos generalistas, con propuestas y mojándose, o se combate el sistema desde fuera para sustituirlo por otro que se considera mejor. Esa es la diferencia entre el camino reformista o el revolucionario, así ha sido siempre y así lo será siempre, con o sin Internet. Me temo que a los organizadores del 15M o aún no han decidido el camino que van a seguir o si lo han hecho aún no nos lo han dicho. Pero mientras están jugando con los sentimientos de cientos de miles de personas que se sienten justamente indignados y que percibieron este movimiento como una esperanza para cambiar las cosas. Por ellos, solo por ellos, deberían aclararnos quiénes son y a dónde quieren llegar porque si la Red da cobijo a demasiadas formas de anonimato, la calle no perdona al que se esconde detrás de una barricada de protesta. Ha llegado el momento en que además de ser capaces de insultar y escupir a los políticos – libremente elegidos por otros ciudadanos con los mismos derechos y probablemente también indignados – e insultar a los banqueros – los mismos que les concedían los créditos que firmaban gustosos sin saber si podrían pagarlos -, nos digan que nos proponen para salir del abismo. Y si no quieren decirlo, siempre les quedará el libre de derecho de manifestarse, sin más, ni menos, pero que no vayan más de mesías sociales.

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Comments

  1. #spanishrevolution. ¿Hacia la fortaleza?. Todos en la calle. En el camino del cambio constitucional: la Asamblea Democrática Constituyente. Las causas ignoradas del paro. Rebelión ante los desahucios. El Pacto del Euro. El acoso al movimiento 15-M. Idea del Deutsche Bank: caída de Grecia y efecto dominó. La infamia informativa. Otro policía secreta pillado. La guerra secreta en España. Supremo de Wisconsin contra los trabajadores. Ver:
    [Towards the strength?. Everyone in the street. On the path of constitutional change: the Constitutional Democratic Assembly. Ignored the causes of unemployment. Rebellion against the evictions. The Pact of the Euro. Harassment motion 15-M. Idea of Deutsche Bank: Fall of Greece and the domino effect. Infamy informative. Another secret police caught. The secret war in Spain. Wisconsin Supreme against the workers. View:]

    http://aims.selfip.org/spanish_revolution.htm

  2. Jesus de acuerdo en casi todo , esfuerzo individual y cambiar las cosas desde dentro, el resto protagonismo o voluntarismo , buen post

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