Con acento hispano

La victoria electoral en los recientes comicios presidenciales del nacionalista Ollanta Humala abre una era en el país andino repleta de interrogantes. Si hace cuatro años en la comunidad internacional – entendiendo como tal a las potencias occidentales – se respiró con alivio al lograr Alan García el triunfo sobre el propio Humala, ahora se repite la historia cambiando paradójicamente de protagonista, pues, él es el mal menor en esta ocasión al vencer por un exiguo margen a su contrincangte Keiko Fujimori.

Si Humala ofrecía dudas por su radicalismo pasado, la perspectiva de la victoria de la hija del expresidente Fujimori – el mandatario cumple condena por corrupción y fraude fiscal – ensombrecía aún más el futuro de Perú por el temor a una involución el arduo camio hacia la estabilidad política y económica emprendida en la última década en el país. Despejada la gran incógnita presidencial, los comicios reflejan un escenario político claramente dividido en dos frentes, aunque ambos desde posiciones firmemente nacionalistas: de un lado entorno al vencedor un amplio bloque de izquierdas que engloba desde la socialdemocracia de los herederos del presidente saliente, Alan García, hasta posiciones bolivarianas de ultraizquierda indigenista. Enfrente la derecha más fragmentada con democristianos, liberales y ultraconservadores. En tan amplio espectro de opiniones se deberá mover el nuevo presidente electo.

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De ahí que el primer anuncio en la noche electoral lanzado por Humala no fuera otro que la llamada a constituir un gobierno de concertación. Ese será su primer gran reto donde tendrá que demostrar sus dotes de hombre de Estado y su capacidad de aglutinar fuerzas distintas para el objetivo común del interés general del país. Para ello tendrá que hacer olvidar la sombra del pasado que representará el legado de García – presidente durante dos mandatos no consecutivos – que se ha visto marcado por un desmedido protagonismo propagandístico de su acción de gobierno.
Si compleja es la situación política que hereda Humala internamente, no lo es menos el posicionamiento que pueda efectuar en la Región. Si Humala fue durante años firme defensor y adepto a las tesis de la revolución bolivariana del presidente venezolano Hugo Chávez, en el último año ha ido virando sutilmente hacia posiciones más cercanas al proceso reformista emprendido por el expresidente brasileño Lula da Silva. No en vano los principales estrategas y asesores en la campaña han sido hombres de Lula. Parece evidente que finalmente Humala tendrá que decantarse o por formar parte del bloque prochavista venido a menos – con Evo Morales en Bolivia acorralado por los problemas y Correa sitiado por involuciones en Ecuador – o por seguir los pasos de un Lula que parece haber dejado el gobierno interior a la presidenta Rousseff mientras él se ocupa de la influencia internacional de Brasil.

Y ¿qué situación económica se encuentra Humala? Pues la de un Perú que sigue creciendo a altos ritmos de incremento de PIB anual, por encima de la media de los países de su entorno latioamericano, pero sigue registrando enormes diferencias en el reparto de esa riqueza tanto territorialmente entre zonas urbanas y rurales – focos de población indígena – y de extracción social. El líder nacionalista tendrá que demostrar que es capaz de gobernar para todos los peruanos sin perder dosis en la eficacia en la gestión que pudieran paralizar el nivel de desarrollo y consumo actual de Perú.

Por último, la seguridad nacional se ha convertido poco a poco en una cuestión de primera índole, pues, el reverdecimiento de las acciones terroristas de grupos ligados a la banda Sendero Luminoso ha vuelto a sembrar de violencia zonas del país. Junto a la actividad del narcotráfico o a las continuas huelgas con manifestaciones violentas vividas en las cuencas mineras, componen un mapa de inestabilidad social que Humala debería atajar con prontitud. Su hoja de servicios militar no deja lugar a dudas a su firmeza y capacidad de determinación pero no podemos olvidar que su vida castrense tiene osxuros capítulos de sangrientas actuaciones para sofocar conflictos. La nueva era peruana que se abre requerirá de Humala mucha más mano izquierda de la que por su historial militar y político se le presupone.

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