Con acento hispano

Las elecciones legislativas portuguesas han consagrado el triunfo claro de la derecha representada por el PSD – Partido Socialdemócrata – liderado por Pedro Passos Coelho y el descalabro del Partido Socialista del hasta ahora primer ministro, José Sócrates. Unos comicios también marcados por la fuerte abstención, de más del 41%, que claramente ha castigado a las opciones de izquierda del panorama político luso. De esta forma, los portugueses giran a la derecha tras 6 años de gobiernos socialistas presididos por Sócrates y pone en manos de prácticamente un desconocido, Passos Coelho, la gestión de la crisis más grave de la historia reciente de Portugal. Sobre él y su equipo recae la pesada carga de emprender un programa de gobierno con duras reformas que saquen al país de la bancarrota y hagan frente al coste del rescate planteado por la Unión Europea y el FMI. La crisis económica que asola Europa se ha llevado por delante un gobierno más, en este caso otro ejecutivo de izquierdas, como ya le sucediera al de los laboristas británicos de Gordon Brown a manos de David Cameron. Poco a poco, el panorama político europeo se torna más conservador, ante la incapacidad de los opciones de izquierdas para plantear alternativas serias para la defensa del Estado del Bienestar. El pragmatismo de la imagen de mejores gestores de la derecha se está apoderando del electorado poco a poco.

El viaje a ninguna parte emprendido por Sócrates desde el inicio de la crisis ha concluido con el severo castigo de los portugueses en las urnas que ha provocado su dimisión como líder de los socialistas lusos. La falta de previsión, el empeño por no reconocer las graves consecuencias de la crisis sobre la economía del país y, finalmente, su incapacidad para gestionar las condiciones de rescate de Portugal, han acarreado una derrota histórica a los socialistas cuyo líder ha pasado de ser el político con mejor valoración de las últimas décadas, al iniciarse su mandato en 2005 a ser, en la actualidad, el menos creíble y que genera más desconfianza de la reciente historia democrática del país. Pierde además en unas elecciones cuyo adelanto él mismo provocó al llevar a la Asamblea legislativa el plan de reformas que debía aprobarle la Comisión Europea para aprobar las ayudas que las finanzas públicas portuguesas requerían. El centroderecha le dejó en minoría sin darle el visto bueno a sus propuestas, en lo que se interpretó como un reto a la Cámara por parte de Sócrates quien siempre creyó que en una situación de crisis tan terrible, la oposición acabaría alcanzando un consenso.

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Ahora los mismos que le retiraron la confianza y le forzaron a convocar elecciones se benefician del voto de un país sumido en la depresión y sin esperanzas en el futuro. Quienes entonces no aprobaron un plan de reformas por suponer costes sociales excesivos y que fue considerado insuficiente por la Comisión, deberán ahora emprender un programa muchos más duro de austeridad si quieren hacer frente a la deuda que suponen los 80.000 millones de euros que en concepto de ayudas recibirá Portugal de los organismos internacionales para sanear su economía. Passos Coelho ha reiterado en la campaña su compromiso de cumplir las reformas estructurales y las medidas de austeridad incluidas en el programa presentado por las autoridades de la Comisión Europea y del FMI, pero no ha concretado el contenido que tendrán las mismas.

El conservador llegó a la secretaría de su partido en la primavera del año pasado y su primera decisión fue colocarse del lado del gobierno socialista en la aprobación del primer plan de ajuste, para transmitir a los mercados internacionales un mensaje de tranquilidad garantizando la estabilidad política interna. Meses después, en la aprobación de los Presupuestos Generales, las negociaciones ya no fueron tan pacíficas y aunque los socialdemócratas acabaron permitiendo la aprobación del documento, Passos Coelho dejó claro a Sócrates que serían las últimas medidas de austeridad que aprobaría como líder de la oposición.

De otoño a hoy estas elecciones fueron estando cada vez más cantadas. Con la renovación en la presidencia del conservador Anibal Cavaco Silva y con cada vez más dificultades para continuar financiándose en los mercados internacionales, al final José Sócrates tuvo que reconocer la evidencia y solicitar la ayuda externa. A cambio del rescate, gobierno y oposición han tenido que comprometerse con nuevos recortes sociales, privatizaciones, aumentos de impuestos y toda una serie de medidas de contención que hacen la vida de los portugueses cada vez más difícil. El desempleo ya supera la barrera del 12 %, la cifra más alta en tres décadas de democracia y la economía lusa -después de diez años prácticamente parada- vuelve a contraerse este año en torno al 2 %.

La necesidad de pactos poselectorales ha quedado sustancialmente reducida al lograr una amplia diferencia el PSD – 39 % de los votos – sobre el PS – 28 % – que le concede un margen de actuación gubernamental amplio sin la obligación de contar en el Ejecutivo con los ultraconservadores del CDS liderado por Paulo Portas, que mantiene sus posiciones como tercera fuerza política con un 11 % de los votos, de la misma forma que la Coalición de los Comunistas y los Verdes mantiene su 8 % y cae el Bloco de Esquerda hasta el 5 % desde el 10 % que alcanzó en 2009. Nada comparable esta pérdida de apoyo con el PS que baja del 36 % al 28 %, 8 puntos de retroceso. Ahora toca gestionar el rescate tratando de minimizar los sacrificios de una población sometida ya desde hace años a sacrificios y pérdida de poder adquisitivo. Se trata de salvar una generación de jóvenes portugueses que se enfrentan a un futuro sombrío, sin salidas profesionales y que si su gobierno no lo remedia con un programa austero pero a la vez emprendedor que reactive el sistema productivo luso, se verán abocados a emigrar para buscarse la vida allende de las fronteras de su país. Como ferviente partidario de la unión ibérica y como defensor de la Unión Europea como proyecto de convivencia, debemos desear lo mejor a Passos Coelho en la responsabilidad que ahora asume.

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