Con acento hispano

Las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo suponen un tremendo voto de castigo para el Partido Socialista, especialmente para su Secretario General y Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, que ha supuesto el peor resultado de la historia democrática española para el PSOE a nivel territorial. Nunca el Partido Popular, el centro derecha español ocupó más Ayuntamientos y Comunidades Autónomas. La crisis económica y la manera de afrontarla han supuesto el castigo más severo que el PSOE ha conocido en toda España. La principal consecuencia de esta debacle electoral la han sufrido los “barones” territoriales del partido, que en su inmensa mayoría desaparecen del escenario.

La derrota es más grave, si cabe, en las elecciones municipales, pues, el PSOE ha perdido en casi todas las capitales de provincias y ciudades de más 200.000 habitantes, con lo que puede decirse que le ha dado la espalda la mayoría del voto urbano. Ni siquiera ha aguantado el “tsunami” de las urnas feudas tan tradicionalmente socialistas como Andalucía, Extremadura o Castilla- La Mancha. Si estas elecciones se presentaban como auténtico preámbulo de las generales del próximo marzo de 2012, la extrapolación del del voto de este 22 de mayo, deja al PP al borde de la mayoría absoluta y al PSOE por debajo de su suelo histórico, con una distancia entre ambos de más del 10% y traducido a escaños una diferencia de 45 escaños (ahora el PSOE tiene 8 escaños más que el PP).

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A la hora de analizar los motivos de tan severo castigo propiciado por la ciudadanía al partido socialista, no cabe duda que se puede responsabilizar a su máximo dirigente de lo sucedido. Zapatero, que le dio dos triunfos en 2004 y en 2008 al PSOE, se ha convertido en el auténtico problema de los socialistas. Ni siquiera su anuncio en plena precampaña electoral de que no sería de nuevo candidato a las elecciones generales ha servido para frenar el descontento en su contra y la desmovilización de una buena parte del electorado socialista. Podría decirse que todos los del PP han votado en masa y que muchos socialistas se han quedado en casa.

Los otros titulares principales de la jornada electoral se centran en el incremento del voto en blanco, que superó el medio millón, el discreto ascenso de las dos fuerzas que pugnan con quitarle el espacio bisagra a los partidos nacionalistas, Izquierda Unida y UPD, y de forma muy llamativa la irrumpción en la Comunidad Autónoma Vasca y Navarra de Bildu, la formación legal que ha representado a la izquierda abertzale en estas elecciones. Su apuesta definitiva por la no violencia y los cauces democráticos para la defensa de sus ideas, constituye una positiva noticia, que deberá ser contrastada ahora en el devenir de su actuación en las distintas instituciones donde han entrado.

Ahora el PSOE tiene menos de nueve meses para tratar de darle la vuelta a tan negros resultados de cara a las elecciones generales que llevarán a La Moncloa al sucesor de Rodríguez Zapatero. Un embarazo que tiene difícil parto, pues, cualquier candidato es consciente que se enfrenta a una casi segura derrota. Además, la resaca electoral autonómica y municipal muy previsiblemente va a poner encima de la mesa el debate de si en estas condiciones se deben celebrar primarias o si se debe optar por convocar un congreso del partido que efectúe una auténtica renovación orgánica del mismo, con nuevas caras con más proyección de futuro. Los nombres que más sonaron en las fechas previas a los comicios del pasado domingo, Pérez Rubalcaba y Carme Chacón, aún no se han manifestado siquiera por una fórmula y otra, o si están dispuestos a competir en proceso de primarias.

Sea cual sea la decisión final, parece evidente que concluye un ciclo de poder socialista de 8 años, de una forma tan abrupta como suelen ser los finales en política, que deja el camino libre para la llegada de nuevo al poder del Partido Popular, que deberá hacer frente aún a una complicadísima situación económica y la queja ya hecha pública – a través del movimiento 15 de mayo – de una sociedad que además de a Zapatero culpa de la crisis al sistema financiero y una forma de hacer política alejada de los problemas reales de la gente. Una herencia difícil de gestionar para la que no existen fórmulas mágicas y para la que el PP y su líder Mariano Rajoy, tendrá que prepararse seriamente en estos meses previos a las elecciones. Mientras el PSOE bastante tendrá con tratar de recuperar un discurso ilusionante que motive a sus votantes que se han sentido traicionados con los recortes de políticas sociales emprendidas por Zapatero y que requerirá de un nuevo liderazgo en formas y personas.

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Comments

  1. Hola,
    Me ha gustado este post, pero discrepo de que se haya votado contra Zapatero, da la sensación que el PSOE a nivel regional y en ayuntamientos lo ha hecho bien y por culpa de la crisis y de Zapatero se le haya echado.
    Si su teoría fuera la cierta, habrían subido notoriamente los partidos minoritarios y la izquierda en general (IU, UPyD, PC…).
    Una persona de izquierdas no vota al centro derecha por estar despechado o sentirse traicionado. Dejaría de votar a PSOE y lo haría a cualquier otro de izquierdas, pero no al PP.
    España es un país de izquierdas, si el voto es masivo, la izquierda gana sobradamente, pero a mi entender se ha votado a la buena gestión (lo demostraron económicamente durante el mandato del presidente Aznar).
    Referente a su opinión sobre Bildu, me parece muy bien que diga que es una noticia positiva. Espero y deseo que así sea.

  2. Gracias por tu comentario Felipe, tal vez me ha faltado precisar que en el tsunami antizapaterista, han pagado justos por pecadores, alcaldes o presidentes autonómicos cuya gestión no ha sido tan mala han recibido un castigo general de la marca PSOE. Respecto a la subida de IU y UPyD, el primero ha alcanzado el millón y medio de votos y el segundo el medio de millón, en total dos millones de votos, más medio millón más de voto en blanco, creo que todos ellos son claramente el tercer partido del Estado. Y respecto a Bildu, se trata claramente más de un deseo que de una realidad.

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