Con acento hispano

El pasado domingo 15 de mayo, se produjo en Madrid y 50 ciudades de toda España, un manifestación que reunió a miles de personas bajo el lema “Democracia real ya”, promovida en las Redes Sociales, especialmente Twitter y Facebook y cuyos organizadores, si así se les puede denominar, se autodenominaban “Indignados”, ante la situación política y económica que vivimos. Parece evidente que negar el fondo de razón que acompaña a los manifestantes sería como vivir de espaldas a una realidad tan dura como compleja. Motivos para la indignación sobran, sobre todo, porque de dos años a aquí se han sucedido una tormenta de acontecimientos negativos que han golpeado en los ciudadanos de la clase media española y europea, sin que los motivos y los responsables del desastre sean claramente definidos.

Lo novedoso del movimiento surgido en España es su semejanza a los que se han llevado a cabo en el Norte de África, promovidos a través de las Redes Sociales y cuyos “agitadores” son los nuevos líderes sociales, líderes digitales, que lanzan sus soflamas por la Red en 140 caracteres. Es la fuerza de la inmediatez y el micromensaje, sin adjetivaciones, ni retórica que valga, un discurso simple y descarnado, más comic que literario, que encuentra en los navegantes espacio franco y caldo de cultivo para la movilización. Por otro lado, no es casual que el movimiento irrumpa en plena campaña electoral autonómica y municipal en España, pues, sus ataques van dirigidos en primera instancia a toda la clase política a la culpan del paro y la reducción de las prestaciones sociales y en segundo plano a los banqueros como causantes originales de la crisis. Unos por haber provocado la tormenta y otros por no haber sabido calmarla y no imputar a los causantes, son la diana de los furibundos ataques de los movilizados internautas.

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Hasta ahora la queja había recorrido la Red paulatinamente, engrosando seguidores y tiñendo listas de twitteros con la queja. Ahora al calor de los comicios y la relevancia que en los medios tradicionales cobra la política, cuando las portadas de los periódicos se ocupan de mítines y eslóganes, los protagonistas de la realidad virtual quieren hacerse ver en la calle y ocupar el territorio de la realidad más real, en una suerte de órdago a las instituciones y a los propios políticos que se miden el domingo próximo en las urnas. Se trata de todo un reto social que no repara en críticas a todo lo que se mueve, incluidos la prensa, radio y televisión a los que acusan de no dar el espacio que corresponde a sus protestas, que solo encuentra el eco “merecido” en la “libertad” de la Red.

Así las cosas, no parece que se trate de un sarampión de primavera, ni de una algarada momentánea. Suena más bien a la incipiente puesta en marcha de un movimiento que pretende patrimonializar el descontento, de igual modo que las opciones políticas populistas y de extrema derecha lo están haciendo en otros países europeos. Sin embargo, hasta la fecha carece de propuestas y de discurso, simplemente se manifiesta como lo hicieron en su día los antisistema o un siglo atrás los anarquistas. La protesta como bandera tiene escasa durabilidad salvo para producir masa crítica de ciudadanos cabreados. Otra cosa es pensar y proponer mundos mejores en los que vivir. Entonces la dura realidad de los números y de los recursos escasos en un mundo globalizado, con creciente competencia, sitúa a los movimientos utópicos en la necesidad de concretar ofertas para avanzar y progresar que hasta la fecha no han sido capaces de hacer.

De la misma forma que la indignación por la indignación no conduce a nada, la clase política no debería ni apuntarse hipócritamente al carro de la crítica fácil sin alternativas, ni taparse los oídos a lo sin duda se está moviendo a alta velocidad en la sociedad. En estos años de crisis, los grandes partidos y sus líderes apenas han variado las reglas del juego del sistema político. Internet es una realidad ajena a las decisiones políticas, cuando determina gran parte de nuestra vida y forma de entenderla. Los ciudadanos sienten que la democracia y las principales decisiones de los países están secuestradas por los mercados, por anonimatos dictatoriales, siendo ellos los paganos de la circunstancia adversa.

Dudo que el futuro lo vayan a regir quienes desde Redes Sociales – nada neutrales por más que se esfuercen en parecerlo – marketiniamente diseñan la bloggosfera, los mensajes cortos, la microimagen o el chat despersonalizado. Al menos por el momento no se vislumbra en sus filas el liderazgo de ideas que la situación requiere. Además la mayoría de ellos viven demasiado cómodos en esa realidad que se afanan en criticar. Salir a la calle es una manera de toparse con la realidad más cruda, incluidas las porras y los golpes de los policías antidisturbios. El hambre y la represión sí son territorios abonados a las revoluciones, el adsl y el ancho de banda, aún difícilmente pueden cambiar el mundo sin barricadas y cócteles molotov.

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Comments

  1. por desgracia es así, los politicos y banqueros no se van a dar por enterados, solo intentan buscar la manera de aprovecharse de la situación o minimizar daños políticos, tristemente sin violencia no hay cambios 🙁

  2. Gracias por tu comentario Juan, espero no tener razón pero mantener la tensión de un movimiento sin líder ni propuestas concretas, que además se le permite su concentración como si fuera un atracción del zoo, creo que resultará muy difícil.

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