Con acento hispano

El crecimiento de las posiciones políticas que podemos considerar de ideología ultraderechista en países de la Unión Europea no es un fenómeno nuevo. Su reaparición se remonta a hace más de veinte años en países como Francia, Austria, Holanda o Alemania. Siempre con los mismos parámetros de discurso populista basado en la crítica xenófoba y la defensa ultranacionalista, líderes como Jean Marie Le Pen, Jörg Haider, el asesinado Pim Fortuyn o el neonazi Udo Voigt, llevan décadas poblando el paisaje político europeo, sin que sus ideas hayan causado grave deterioro en las democracias y Estados de Derecho de la UE o en sus propias normas comunes. Sin embargo, en el último año, además de incrementarse sus posiciones en los parlamentos convirtiéndose en partido bisagra claves para la gobernabilidad, su presencia también se extiende por más países. Y novedosos también son parte de sus mensajes que incluyen ahora ataques feroces contra el euro y, especialmente, contra los rescates llevados a cabo en Grecia, Irlanda y Portugal. Los “vagos y despilfarradores europeos” se han unido a los inmigrantes extranjeros como culpables de los males económicos nacionales a ojos de los ultraderechistas.

El último caso, el del partido de los Verdaderos Finlandeses – el nombre lo dice todo cuando alguien se arroga la identidad en exclusiva – de Timo Soini, ha lanzado todas las alertas en las instituciones europeas, al atreverse el ultra fines, que parece clave para la formación del gobierno en el país escandinavo, a poner en duda la aportación de Finlandia al rescate portugués. El discurso fácil de la insolidaridad cala fácil entre las clases medias de los países acomodados al Estado del Bienestar que en plena crisis económica europea ven peligrar su confortable estatus y buscan un culpable sencillo de encontrar. Si el anónimo fontanero polaco ya protagonizó unas elecciones presidenciales en Francia, ahora al turco, al rumano – sea gitano o no -, se vienen a unir los griegos, los irlandeses o los lusos, aunque no traspasen sus fronteras por el simple hecho de haber sido mal gobernados o por no ser capaces de defenderse de los ataques especulativos de los mercados financieros. Como si no tuvieran bastante los pobre ciudadanos de los países rescatados – deberíamos decir secuestrados porque quien paga un rescate previamente ha sufrido un secuestro – como para sufrir las iras del resto de sus conciudadanos europeos.

En todo caso, conviene analizar con detenimiento dónde y con qué peso tiene presencia la ultraderecha en los países de la UE. Porque ese inventario nos sirve para diagnosticar la levedad o gravedad de esta enfermedad populista política y desde luego para no menospreciar tendencias marcadas por la voluntad del voto en países de larga tradición democrática. La lista de Estados donde la ola ultraderechista europea avanza la integran Italia, Hungría, Bélgica, Suecia, Francia y Finlandia. Caso aparte es el de Alemania, donde el panorama es menos inquietante a primera vista y el NPD Partido Nacionaldemocrático, no alcanza niveles representativos, pero por contra un socialdemócrata como Thilo Sarrazin se ha convertido en el adalid de las posiciones xenófobas. Con posiciones minoritarias en los parlamentos nacionales los ultras ocupan espacios también en Dinamarca, Letonia, Lituania, Eslovaquia, Eslovenia, Bulgaria y Grecia.

Es en Italia, concretamente de la mano de la Liga Norte donde el crecimiento de las posiciones ultraderechistas ha sido más espectacular. El partido de Umberto Bossi logró más del 50% del voto en las últimas elecciones regionales y locales en sus bastiones trasalpinos. Su posición en el gobierno de Berlusconi se vieron reforzadas y su ministro de Interior Roberto Maroni endureció sus políticas inmigratorias hasta llegar a enviar de vuelta barcos atestados de inmigrantes ilegales a Libia, saltándose a la torera la política de asilo europea, unos de los pilares del europeismo. El avance ultra en Italia tuvo paralelismo prácticamente en los mismos meses con el espectacular crecimiento de “Jobbik”, el Movimiento por una Hungría Mejor que logró convertirse en el tercer partido en el parlamento magiar. Solo la mayoría absoluta de los conservadores les impidió alcanzar plaza en el gobierno saliente de las elecciones húngaras de abril de 2010. Jobbik no tiene impedimento en mantener posiciones antisemitas, ataques a los gitanos, a los inmigrantes y a los homosexuales, así como apoyar a la Guardia Magyar, un grupo paramilitar similar a las SA hitlerianas

En Holanda, Geert Wilders está siendo juzgado en Holanda por incitación al odio y a discriminación contra los musulmanes. Wilders es juzgado por definir el Corán como “fascista” y compararlo con el libro escrito por Adolf Hitler, Mein Kampf, en un artículo editorial de un diario holandés. El Partido para la Libertad (PVV) de Wilders, tiene un papel clave en el actual Gobierno holandés, un combinado de liberales y democristianos. El PVV cuenta con 24 escaños importantes para aprobar leyes y con los que puede forzar también concesiones anti musulmanas. En Austria, la vinculación de Jörg Haider con el Partido de la Libertad de Austria (FPÖ) era total, hasta que decidió escindirse en el partido BZÖ. Pero poco después falleció en un trágico accidente de tráfico. Ahora Heinz Christian Strache es el líder de la segunda fuerza política de Austria, el FPÖ. La ultraderecha austriaca ya comenzó a resaltar en la elecciones de 2008, entonces consiguieron el 29 por ciento de los votos. Dos años después, Strache consiguió el 27 por ciento de apoyos en Viena, una ciudad que hasta entonces se consideraba feudo de la izquierda. Y en Suecia, el Partido Demócrata de Suecia (PDS) ganó casi el siete por ciento de los votos en las elecciones del pasado mes de septiembre en Suecia. Al superar la barrera del cuatro por ciento, los ultraderechistas suecos consiguieron, por primera vez, representación parlamentaria, 20 escaños de 349. Su líder es el treintañero Jimmie Akesson, su ideario proviene de la extrema derecha, y el grupo ha decidido centrarse en el resentimiento por la inmigración, cada vez mayor entre los suecos.

Queda la incógnita de lo que sucederá en Francia, donde las encuestas sobre posibles candidatos a la presidenciales del 2012 sitúan ente las favoritas a Marine Le Pen. La hija del anterior líder del Frente Nacional (FN) está educada y formada a imagen y semejanza de su padre, el histórico líder xenófobo. Marine Le Pen se hizo con el mando del partido en a principios de 2011. Solo unos meses después, ha dejado claro que si gana las elecciones de 2012 sacará a Francia del euro. Así se plasma el euroescepticismo de Le Pen, que aboga por un patriotismo económico francés. Pero el FN no empieza y termina con Le Pen. El cabeza del partido en la región de Alsacia, Patrick Binder, ha sido condenado a tres meses de prisión y cinco mil euros de multa por injurias y provocación al odio racial. El FN se convirtió en la sorpresa de la primera vuelta de las elecciones locales de marzo, fue el tercer partido más votado (más del 15 por ciento de los votos). Hoy por hoy, todos ellos se están convirtiendo en los peores enemigos de un euro que bastante tiene con defenderse de los ataques externos como para preocuparse del enemigo interior. Sin embargo, si los dirigentes de los gobiernos nacionales y de las instituciones comunitarias de Bruselas no son capaces de hacer entender a los europeos la necesidad de la unidad y de la solidaridad como mejor medicina para salir de la crisis y para garantizar el modelo de libertades y derechos humanos del que disfrutamos, la construcción europea se vendrá abajo y volveremos a estar en manos de extremismos nacionalistas. El euro es mucho más que una moneda, representa un deseo de caminar juntos pero es tan incompatible con posiciones egocéntricas de algunos países, como de la falta de rigor en las políticas económicas por parte de otros.

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