Con acento hispano

Ollanta Humala resultó vencedor de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Perú del pasado domingo con el 31,74% de los votos. Se enfrentará en la segunda vuelta a Keiko Fujimori que obtuvo el 23,50% de los sufragios el próximo 5 de junio. Humala, el líder del Partido Nacionalista de Perú partía hace meses a larga distancia en las encuestas de otros candidatos favoritos como el ex presidente Alejandro Toledo o el ex ministro de Economía Pedro Pablo Kuczynski. Las claves de esta espectacular remontada que convierten a Humala en el principal candidato para alcanzar la Casa de Pizarro – el palacio presidencial del gobierno en Lima – tienen mucho que ver con su capacidad para moderar su discurso, otrora radical en la línea de las tesis bolivarianas del presidente venezolano Hugo Chávez y en su oferta conciliadora y de diálogo nacional que lanzó en las últimas semanas de la campaña. Cabe recordar que en las elecciones de 2006 Humala perdió en segunda vuelta contra el candidato del APRA, Alan García principalmente por el temor que entre el votante medio causaban sus propuestas radicales de izquierdas.

Su nueva coalición Gana Perú ha sido capaz de ocupar el espacio de la izquierda y de los sectores más desfavorecidos de la sociedad peruana, incluidas por supuesto las poblaciones indígenas – el padre de Humala es el ideólogo del etnocacerismo que evoca tanto el poderío y la identidad del Imperio Inca o Tahuantinsuyo de la época prehispánica así como el nacionalismo peruano a través de la admiración del presidente y héroe en la Guerra del Pacífico Andrés Avelino Cáceres. Pero ha logrado un plus de centrismo y de liderazgo que en épocas anteriores eran impensables. La biografía de Ollanta Humala es tan accidental como truculenta. Militar de carrera, en 1991, con el rango de capitán, Humala prestó servicio en Tingo María (Huánaco) combatiendo contra los últimos reductos de Sendero Luminoso. Allí fue acusado de matar a peruanos en la “zona roja”, bajo el pseudónimo de capitán Carlos. Presuntamente en 1992, en la zona de Madre mía, se cometió una serie de abusos contra la población civil, razón por la cual fue investigado por el Poder Judicial. Aunque años después, el caso fue cerrado por falta de pruebas. El testigo principal, Jorge Ávila se retractó de su declaración inicial. No obstante, en marzo de 2011, en un juicio a Amílcar Gómez, hombre de confianza de Humala, por intento de soborno a testigos del caso Madre mía, Rubén Gómez, uno de los implicados, declaró ante el juzgado que en 2006, Amílcar Gómez le pidió que convenciera a su cuñado Jorge Ávila para que varíe su declaración, a cambio de dinero. Humala siempre aceptó su cercanía con Amílcar Gómez, pero ha negado todas las imputaciones. Por su parte, Gómez entró en contradicciones ante el juzgado cuando se le preguntó sobre el tema.

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Humala, siendo militar en actividad, se levantó en Locumba (Moquegua) junto a su hermano Antauro, contra el régimen de Alberto Fujimori. Este hecho ocurrió el 1 de octubre de 2000, el mismo día en que el ex asesor presidencial Vladimiro Montesinos se fugaba del país en el velero “Karisma”. Luego de la caída del régimen fujimorista, Humala, sin embargo, se mantuvo rebelde; pero al poco tiempo solicitó una entrevista al presidente Paniagua para entregarse. Su abogado, presentó un Hábeas Corpus en favor de su representado, el cual devino en una amnistía para Humala por parte del Congreso de aquel entonces. Durante el posterior gobierno de Alejandro Toledo, Humala regresó a sus funciones militares, primero como agregado militar en Francia y luego en Corea del Sur. En diciembre de 2004 Ollanta Humala fue retirado del servicio, lo que dio origen a la sublevación de su hermano Antauro Humala, y posterior asalto a la comisaría de Andahuaylas.

Una biografía de sobresaltos que ahora parece destinada a liderar Perú, contando con una aliado que también hace cinco años hubiera resultado inconcebible, el ex presidente brasileño Luiz Inácio Lula. Brasil ha jugado un papel transcendental en toda la precampaña y campaña electoral decantándose sin medias tintas a favor de Ollanta Humala. Asesores del Partido de los Trabajadores – del propio Lula y del gobierno de Dilma Rousseff – han diseñado y ejecutado junto al equipo de Gana Perú los discursos y principales mensajes que el político nacionalista debía introducir en cada momento. Los asesores brasileños Luis Favre y Valdemir Garreta imitaron la llamada estrategia de “paz y amor” ideada por el experto João Santana para los comicios de octubre de 2002 en los que Lula logró la presidencia tras tres intentos fallidos. La táctica fue simple: evitar las confrontaciones y las propuestas radicales para quebrar la resistencia a la imagen de líder sindical de Lula. Con Humala el trabajo ha sido más duro porque es un exmilitar golpista y se le considera un discípulo del chavismo.

Las razones para esta toma de postura tan abierta por parte de Brasil en unas elecciones presidenciales de un país vecino son evidentes: Brasil se siente potencia de la región y ejerce como tal. Si Lula durante sus mandatos jugó un papel de árbitro en los conflictos regionales como los acaecidos entre Venezuela y Colombia, la crisis interna boliviana y el golpe de Estado hondureño, ahora tanto él como su sucesora están convencidos de la necesidad de ejercer un protagonismo más marcado en la zona, influyendo decididamente en la política de aquellos países donde los intereses brasileños están más en juego. Este es el caso de Perú con quien Brasil firmó un acuerdo de cooperación energética que prevé la construcción de varias centrales hidroeléctricas para proveer de energía a Brasil, entre ellas la de Inambari, la más próxima a la frontera. Y de la misma forma importantes empresas constructoras de obra pública brasileñas trabajan en proyectos de infraestructuras en Perú, en colaboración con la administración de Alan García, por lo que el interés de que dichas líneas de colaboración continúen son evidentes en el gobierno de Brasilia.

Todo le ha salido bien hasta ahora a Lula en esta comprometida operación de apoyo a un candidato que hace pocos años atemorizaba a la mayoría de las cancillerías latinoamericanas, a Estados Unidos y la Unión Europea. De hecho García accedió a un segundo mandato y una segunda oportunidad presidencial en gran medida por dichos temores hacia Humala. Solo le queda un obstáculo que tiene un apellido que a nadie deja indiferente en Perú: Fujimori. Keiko, la hija del ex presidente que alcanzó los máximos niveles de crecimiento conocidos en el país, pero que acabó sumiendo al mismo en un régimen dictatorial y envuelto en escándalos de corrupción que le llevaron finalmente a la cárcel. Queda por ver si su pupila es capaz de agrupar el voto de la derecha y el centro, escorando a posiciones tan radicales como en su día representó a Humala y si el resto de candidatos de la izquierda piden el voto para Humala, algo que se antoja harto complicado. Para colmo pesa sobre Keiko la sombra de sospecha de si cambiará las leyes para poder indultar a su padre. En cualquier caso, estas elecciones peruanas en primera vuelta nos han dejado una primera lección de la que tomar buena nota: Brasil ejerce descaradamente de potencia latinoamericana.

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