Con acento hispano

José Luis Rodríguez Zapatero ha sido fiel a su increíble capacidad para sorprender de la que ha hecho gala en los diez años que lleva al frente del Partido Socialista y sus siete años al frente del Gobierno español. El anuncio de su adiós sólo despeja la incógnita de su continuidad que él mismo se había ido encargando de desvelar creando el debate sucesorio. A finales del año pasado ya destapó el tarro de sus esencias al comentar a los periodistas que una persona de su entorno ya sabía cuál era su decisión. Era obvio que dicha decisión sólo podía consistir en su renuncia a continuar siendo el candidato socialista en las elecciones de 2012. Ahora lo hace público a menos de dos meses de las elecciones autonómicas y municipales, las que mayores cotas de poder y cargos reparten en España, en las que según las encuestas el PSOE podría registrar uno de sus peores resultados de la historia. Y para colmo de la indefinición, proclama que su sucesión se decidirá en unas elecciones primarias, con lo que aparentemente instaura la bicefalia, al menos temporal, en el partido.

Analizar el legado de Zapatero resulta tan complejo como tratar de escudriñar su personalidad. Llegó a La Moncloa tras la enorme convulsión social que en el país produjeron los atentados del 11-M, con 200 cadáveres causados por el terrorismo islamista. Sin mayoría absoluta fue capaz de aislar absolutamente al Partido Popular del resto de la oposición, a base de esperanzadores discursos de regeneración democrática y de defensa del Estados plurinacional. Mientras, un PP que había mentido a los españoles sobre la autoría de los atentados era incapaz de ejercer una labor de oposición en un país que seguía creciendo a ritmos del 4% anual del PIB. Todo le resultaba fácil, tanto que su audacia natural le llevó a retirar las tropas españolas de Irak, prácticamente el primer día que formó gobierno. Luego articuló una batería de reformas legales de claro y nítido contenido de izquierdas: ley de dependencia, ley de matrimonios homosexuales, ley de memoria histórica, impulsó la reformas de los estatutos de autonomía hacia un modelo cuasi federal, ley contra la violencia machista, el divorcio “express”, la ley antitabaco, el carnet por puntos, ley de reproducción asistida, la educación para la ciudadanía, la ley de Igualdad… No se podía ser más de izquierdas en una Europa que giraba claramente hacia la derecha – Sarkozy y Merkel – y en un mundo aún gobernado por George W. Bush. Se convirtió por un breve espacio de tiempo en el “paladín” de la nueva izquierda occidental.

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El final de su primera legislatura le coincidió con los primeros claros indicios de crisis financiera mundial, pero la cercanía electoral le mantuvo en sus tesis antropoilógicamente optimistas sobre el futuro de España. Teníamos reservas y recursos sobrados para sobrevivir sin grandes problemas, ni graves sacrificios a una recesión que duraría poco. Cuando repitió victoria, aunque vio mermada su distancia con el PP, cometió de golpe todos los errores que han forzado su salida en falso del palacio de La Moncloa. Perseveró en no reconocer la magnitud de la crisis, ni el coste que para España podía suponer y, por tanto, no sólo no llevó a cabo políticas de ajuste, sino que recurrió a políticas expansivas de gasto público como si las vacas gordas siguieran pastando por los prados de la economía española. El cheque bebé y la devolución de 400 euros al año a todos los contribuyentes sin diferencia de renta, quedarán en los anales del disparate fiscal en tiempos de recesión. Mientras, el mercado laboral expulsaba diariamente a miles de trabajadores al paro, hasta alcanzar la terrible cota actual de los 4.300.000 desempleados.

Pero llegó el día en que la izquierda de Peter Pan se vio forzada a volver de su país de nunca jamás – agradezco la cesión gratuita del copyright del término acuñado por mi esposa Uxue – y el presidente del gobierno se encontró de bruces con una cruda realidad: traicionar a toda velocidad sus aparentes convicciones para tomar las medidas que Bruselas, Merkel y, sobre todo, los mercados le imponían. Así llegaron los brutales recortes de inversión pública, la congelación de las pensiones y la reducción del sueldo de los funcionarios. Un camino hacia la ortodoxia del euro que pronto le enfrentó a los sindicatos en una huelga general – cuyos dirigentes habían cantado sus virtudes izquierdistas con alegría y complicidad -. Y una senda de reducción severa del déficit que hasta la fecha ha culminado con el planteamiento de la reforma del sistema de pensiones aumentando notablemente los años de cotización para su cobro y una reforma laboral que satisface la mayoría de las solicitudes de la patronal. Por medio, la reforma del sistema financiero bancarizando las cajas de ahorro y como no podía ser de otra forma, la retirada de ayudas tan arbitrarias como las citadas para nacimientos de bebés y de devolución del IRPF.

Ahora que parece que la primavera y el mercado de la deuda daban un respiro con verdaderos brotes verdes a la economía española, Zapatero en un ejercicio de escapismo propio del gran Houdini, anuncia que ya hemos salido de la crisis al tiempo que se presenta en el Comité Federal del PSOE, agradece todo el apoyo que le han prestado y les deja compuestos y sin novia, ante los comicios de mayo de 2011 y de marzo de 2012. Era evidente que los barones territoriales del partido que se juegan su ser o no ser el próximo 22 de mayo le forzarían a tomar una decisión: o se presentaba aún a riesgo de perder en el 2012 y no decía nada ahora o lo decía ya para no entorpecer las elecciones de mayo. Ha optado por decirlo ya y dejar en manos del partido la decisión del presumible perdedor de las elecciones del 2012, aunque todo el mundo sabe que de producirse dicha derrota el responsable solo podrá ser él y para entonces ya no estará. Además, al proponer el proceso de primarias como sistema para nominar al candidato socialista, aboca al PSOE a una bicefalia, como ya ocurriera en tiempo de Joaquín Almunia y Josep Borrell y que tuvo nefastas consecuencias para los socialistas – la mayoría absoluta más abultada del PP en marzo de 2000 -. Él seguirá siendo secretario general del partido y José Blanco su muy leal todopoderoso vicesecretario general, mientras un candidato saliente de las primarias tendrá que hacerse con las riendas del PSOE y dará la cara por él, sin tener un cargo de relevancia en el mismo.

Así las cosas, empiezan las quinielas para buscar posibles candidatos a las primarias. Suenan insistentemente dos: el vicepresidente primero, portavoz del Gobierno y ministro del Interior, el veterano Alfredo Pérez Rubalcaba y la ministra de Defensa, mujer y joven, Carme Chacón. Dos caras opuestas para encarar el futuro, de un lado la garantía de un buen resultado o de una derrota honrosa la representa un Rubalcaba que siempre se ha mostrado muy reacio a presentarse a unas elecciones. De otra, la novedad de una mujer y además catalana como candidata a presidenta del gobierno.Él, vieja guardia, ministro portavoz que ya lo fue de Felipe González. Ella, una zapaterista convencida, que ha sido mimada en el actual Ejecutivo con una cartera que aunque no ajena a las complicaciones de los conflictos internacionales está muy alejada de las críticas de la política interior de la oposición y de los medios de comunicación. Se enfrentarían, si ellos fueran los candidatos a las primarias, dos universos socialistas que han convivido hasta hoy solo al amparo de las victorias electorales de Zapatero. Parece complicado saber ante un futuro incierto, con previsibles derrotas en los comicios, si esa unidad podrá seguir manteniéndose. Por otro lado, hasta la fecha los procesos de primarias en el Partido Socialista se han manifestado altamente incontrolables. Las bases de la militancia parecen empeñadas en dar el poder al candidato contrario al que propone la dirección y, tal vez por ello, Zapatero parece haber optado aunque solo sea aparentemente por un proceso muy abierto sin proponer a nadie como su favorito – quizá haya aprendido del pasado verano cuando trató de forzar dedocráticamente al Partido Socialista de Madrid para que fuera su candidata en las elecciones autonómicas Trinidad Jiménez y perdió las primarias contra Tomás Gómez -. Hoy todo son incógnitas en el PSOE sembradas por el enigma que supone la sucesión de Zapatero. Un presidente que se ha liberado de poder perder unas elecciones y que se marcha con una bajísima valoración de los españoles y como les ocurrió a sus antecesores por la puerta de atrás. Solo González se atrevió a ser derrotado, pues, Aznar y Zapatero optaron por ponerse fecha de caducidad voluntaria a los 8 años. Adiós a Zapatero y bienvenida a la interrogante socialista ¿?.

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Comments

  1. la increible capacidad de zp ha sido la de crear paro, y enfrentamiento incluso dentro de la izquierda

  2. Gracias por tu añadir la reflexión de tu post. Es evidente que el momento elegido para anunciar su retirada tiene que ver con las elecciones de mayo, dado que los barones estiman que despejar esta incógnita beneficia sus aspiraciones electorales. En todo caso creo que el desgaste del PSOE se va a manifestar mucho más en los comicios de mayo que en la generales de 2012 para las que queda aún casi un año y tendrán nuevo candidato seguro que con más opciones que Zapatero.

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