Con acento hispano

Esta semana se ha iniciado una nueva ronda de negociaciones para lograr un acuerdo de asociación entre la Unión Europea y Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay). Bruselas y Mercosur decidieron en 2010 reanudar las negociaciones tras una suspensión de seis años y todo un histórico de desencuentros entre los dos bloques por discrepancias de enfoque en el libre comercio de productos agrícolas y ganaderos. La relevancia de esta nueva oportunidad para el acuerdo entre Europa y Latinoamérica se centra en la necesidad que ambas partes tienen de demostrar al mundo su capacidad para establecer una relación fluida y preferencial que partiendo del comercio avance hacia posiciones más globales económicas de interrelación. Sin embargo, como en anteriores ocasiones las dos partes afrontan el encuentro con más reticencias que aproximaciones. Del lado europeo, Francia encabezó la oposición frontal a la reanudación de las conversaciones junto a una decena más de países de la Unión. Su argumento, los recelos de ver comprometidos sus intereses agrícolas frente a un bloque que representa su principal competidor en el sector. Mientras que por parte latinoamericana, Argentina profundamente preocupada por la caída de sus exportaciones en plena crisis económica mundial, ha decidido este mes poner freno a determinadas importaciones, algo que podría influir en la marcha de las negociaciones para una liberalización del comercio con la UE.

La oposición en el Viejo continente a lo que sería el primer TLC de la Unión Europea (UE) con el conjunto de una región se ha agudizados en los últimos días, a medida que se acercaba el inicio de la cuarta ronda de negociaciones. La Eurocámara aprobó la semana pasada un duro informe que exige a la Comisión que “deje de hacer concesiones que puedan repercutir negativamente en la agricultura comunitaria” y pidió un estudio sobre “el impacto del acuerdo con Mercosur”. Los eurodiputados criticaron que los agricultores sudamericanos no “estén sujetos al cumplimiento de los mismos estándares -sanitarios, medioambientales, etc- que los europeos” y recordaron que en la última década “se duplicó” el déficit comercial de la UE con el Mercosur. También el Comité de Organizaciones Agrarias y Cooperativas Europeas (Copa-Cogeca) se lanzó a la piscina de las predicciones catastrofistas afirmando que un TLC con Mercosur “conduciría al colapso total del sector vacuno europeo”, estimando las pérdidas en unos 25.000 millones de euros (34.000 millones de dólares). La Comisión ha tratado de templar los ánimos tildando tales afirmaciones de exageradas, además de reconocer que algunas normas medioambientales y del bienestar animal son más altas en la UE que en el Mercosur, pero defendió que “en vez de prohibir totalmente las importaciones”, se debe “aumentar la información sobre estas diferencias a los consumidores”.

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A los países del bloque suramericano les preocupan, por su parte, los subsidios agrícolas en Europa, aunque la Comisión Europea ya ha manifestado que se ha esforzado por limitarlos y que, los que hay en vigor, constituyen una pequeña cuantía permitida por la Organización Mundial de Comercio (OMC). Así las cosas, la UE decidió posponer por ahora ‘sine die’ la presentación de las primeras ofertas comerciales, pese a que en un principio se había fijado esta nueva ronda, como el momento propicio con miras a cerrar las ofertas durante el primer semestre de 2011. Las reuniones se centrarán en aspectos técnicos como las barreras comerciales, las reglas de origen y la competencia, pero parece todo un síntoma de la lentitud que pueden llevar las negociaciones que aún no se han intercambiado las primeras ofertas de acceso a mercados. Las conversaciones entre ambos bloques se relanzaron formalmente a principios de julio en Buenos Aires en una nueva ronda de esfuerzos liderado por la gran potencia regional, Brasil, dispuesta a lograr un acuerdo que dé acceso preferencial a las materias primas agrícolas de estos países al mercado comunitario. La actual secretaría de Mercosur está en manos de Paraguay desde enero. El Gobierno del país declaró al inicio de su mandato que la negociación del acuerdo con la UE será una de las prioridades, ya que el Producto Interior Bruto (PIB) paraguayo podría aumentar anualmente en torno al 1% cuando se cierre el tratado.

Los europeos nos jugamos quizás en esta ronda la última oportunidad de demostrar a un continente en desarrollo con enormes potencialidades de crecimiento, como lo es América Latina, que nos queda alguna voluntad de abrirnos a sus expectativas. En Latinoamérica la percepción sobre los intereses europeos se resumen en la actitud de quien solo mira hacia a un lado, solo busca la rentabilidad de sus exportaciones tecnológicas o ventajas fiscales para las inversiones de sus empresas europeas en los países de la región. Europa debería ser consciente que una posición tan egoísta le puede someter al aislamiento internacional y a una condena más severa de los organismos mundiales de comercio. Por otro lado, mantener las subvenciones a una agricultura escasamente productiva, sin mercados exportadores por los elevados precios de sus productos y sin recambio generacional en el campo, es un lastre inadmisible para sociedades que buscan el progreso y cuyo principal sustento es el sector primario como es el caso de los países latinoamericanos.

Frente a estas barreras europeas, blindadas tras la fortaleza de un mercado único, los miembros de Mercosur deben ser conscientes que el cumplimientos de las normas sanitarias y de calidades de producción europeas son imprescindibles para acceder a un selecto universo de consumidores preocupados por lo que les alimenta desde hace décadas. Esa cultura del consumo que en Europa constituye un pilar fundamental de los derechos de los ciudadanos debe trasladarse a las legislaciones de los países de América Latina si quieren competir en pie de igualdad con los productores europeos. El esfuerzo normativo y de controles de calidad es condición sine qua non para establecer un TLC entre las dos orillas.

Quedan pocos meses para demostrar al mundo la verdadera voluntad de dos partes que tienen que hacer concesiones para alcanzar un acuerdo. Las opiniones públicas permanecen de espaldas una a la otra. En América Latina, Europa es una referencia lejana, salvando relaciones históricas con España, Italia o Francia, y sobre todo, desafecta a la realidad que se vive más allá del Atlántico. En Europa, Latinoamérica es vista como una región repleta de tópicos, con enorme desconocimiento de lo que allí sucede y con escasísimo interés por acercarse más a su realidad. De ocupar algún titular de prensa, esta cuarta ronda negociadora será noticia para soliviantar a las opiniones públicas de uno u otro lado sobre los recelos que levanta un posible acuerdo entre los productores de ambos lados de la negociación. En Asunción los próximos 2 al 6 de mayo se celebrará la próxima ronda. Será el momento decisivo para saber si Europa y América Latina tienen algún futuro común.

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