Con acento hispano

Si nos atenemos a la teoría ya clásica neoliberal de política económica, asumida por la inmensa mayoría de los economistas poskeynesianos de tendencia socialdemócrata, la principal herramienta para frenar el alza de los precios, es decir, la inflación, es aumentar los tipos de interés, es decir, el precio del dinero que el sistema pone en circulación para su uso en crédito por las entidades financieras. O sea que si nos certificamos los hechos acaecidos en Europa, más concretamente en la Eurozona, la inflación creciente de los últimos meses, nos hacían temer un incremento de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo. Lo que no teníamos previsto es que tal decisión pudiera precipitarse tanto como para que en abril el dinero se encarezca. Trichet, nuestro gobernador central, ha querido dar un mensaje de autoridad a los mercados al afirmar que el BCE está preparado para actuar en la línea de estabilizar los precios en los países del euro. Por tanto, más que debatir sobre la necesidad o acierto de la medida, cabe analizar cuáles han sido los factores que nos han llevado a esta coyuntura inflacionista y, sobre todo, las consecuencias que la subida de tipos tendrá en el conjunto de la economía europea y española.

El detonante final y aparentemente el elemento sustancial de esta espiral de crecimiento de precios deviene del incremento del coste del petróleo fruto de la crisis política que vive el Norte de África desde primeros de año. Otro clásico de la estructura económica mundial que lleva medio siglo dependiendo endémicamente de la inestabilidad política del mundo árabe y con ello de la zona de mayor producción petrolífera de la Tierra. Las sucesivas oleadas inflacionistas que el “oro negro” nos han provocado década tras década, crisis tras crisis, no nos han servido para acometer la necesaria diversificación de fuentes energéticas, la investigación de nuevas energías alternativas o, al menos, para consolidar en la zona democracias estables que garanticen los derechos humanos y el desarrollo económico en la región arábiga y magrebí.

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Pero no es el único elemento que nos ha situado en niveles de inflación superiores al 2%, la barrera que Trichet considera la línea roja para defender la posición el euro. La crisis alimentaria también viene castigando al alza cual gota fina desde el verano pasado los precios de bienes de primera necesidad. Y, por si fuera poco, la ya larga depresión vivida por el sector servicios ante un descenso continuado del consumo, ha obligado a las empresas a defender sus márgenes elevando sus precios. El cóctel preparado por un situación que combina crecimientos muy bajos con elevación de precios, se define como estanflación – en un post anterior a las revoluciones árabes prevenía de esta temible enfermedad económica ,http://conacentohispano.blogactiv.eu/page/2/ – y sin duda requiere terapias de emergencia que salvaguarden los mínimos repuntes que la economía europea empieza a registrar. De no actuarse con celeridad la endeble recuperación podría darse al traste sin que podamos prever las consecuencias de tal retroceso. En este sentido, solo se puede apoyar la decisión que parece pretende tomar el BCE el próximos abril o en venideros meses.

Respecto a las consecuencias que la subida de tipos tendrá en nuestras economías, en primer lugar, nos falta saber la cuantía definitivamente adoptada por los técnicos de Frankfurt. Su política tradicional se ha basado en la moderación y de seguir dicha tendencia estaríamos hablando de un “cuartillo” – 0,25% -, pero si opta por un incremento superior, de medio punto o incluso de un punto, la primera interpretación que podríamos hacer es que se habría impuesto las tesis germanas que defienden la máxima ortodoxia antiinflacionista. Alemania con crecimientos cercanos al 4% del PIB puede permitirse el lujo de enfriar la economía para mantener los precios y con ello el poder adquisitivo de sus ciudadanos. Mucho más grave resultaría un fuerte incremento de tipos para economías con mínimos registros de crecimiento como los de España, que apenas alcazarán el 1% en el 2011. De nuevo entorno a la medida propuesta por el BCE viviremos una batalla en el seno de la eurozona y, por tanto, entre Alemania, Francia y el resto de países socios del euro. Si Merkel consigue imponer sus criterios, se seguirá abriendo una brecha entre europeos de primera y de segunda, por lo que sería recomendable que Trichet optara finalmente por una suave subida de tipos, siempre y cuando la situación de los mercados petrolíferos se lo permitan.

Las presiones alemanas no van a ser menores por lo que está en juego y, de momento, el mero anuncio del gobernador del Banco Central Europeo ya ha supuesto una automática fuerte apreciación del euro respecto al dólar. Algo que abarata nuestra importaciones petrolíferas, pero que a cambio encarece las exportaciones alemanas, elemento clave del proceso de crecimiento que está viviendo Alemania. La perspectiva más halagüeña que podría tener Europa en esta circunstancia depende de una rápida estabilización en el mundo árabe, pero vista la deriva hacia una guerra civil que ha tomado la revuelta contra Gadafi en Libia – notable exportador petrolífero de la UE, especialmente de Italia – y el lento e inestable proceso de reformas democráticas emprendido en el resto de Estados afectados por las revoluciones antisátrapas, no parece que podamos soñar con un escenario optimista. Más bien debemos acostumbrarnos a convivir con una fase alcista de los precios de crudo, sobre todo, dada la incapacidad manifiesta de la diplomacia de la Unión Europea para protagonizar el cambio en la región.

En España la primera consecuencia de la avisada subida de tipos será su efecto sobre los intereses de la deuda, que ya vienen presionando al alza al Tesoro español desde que empezaron las intervenciones en Grecia e Irlanda. La factura ya abultada fruto de un déficit público cercano al 10% del PIB se incrementará, con lo que producirá sobre la política de ajustes emprendida por el gobierno el mismo efecto que el de llenar una bañera sin poner el tapón. Ya se sabe que al perro flaco todo se le vuelven pulgas y así, cuando pensábamos que podíamos empezar a ver la luz del crecimiento y con la llegada del segundo semestre la esperanza del inicio de la creación de empleo, la subida de tipos puede encarecer las deudas del Estado y, cómo no, de los particulares acuciados por hipotecas y exceso de morosidad. Todo ello en pleno proceso de reforma del sistema financiero español con sus cajas de ahorro tratando de encontrar una dimensión sostenible a futuro y enjugando sus dependencias de activos inmobiliarios de dudoso valor con capitalizaciones bancarias. En definitiva, que los españoles nos enfrentaremos a la enésima prueba de supervivencia en el alambre a que nos venimos enfrentando desde el inicio de la crisis hace ya más de dos años. De momento el Gobierno trata de improvisar medidas de ahorro energético un tanto surrealistas supongo que bastante desesperados ante la que se avecina.

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