Con acento hispano

Un dilema es un problema que puede resolverse mediante dos soluciones, ninguna de las cuales es completamente aceptable y genera cierta duda entre lo que profesionalmente, o bien puede que moralmente debe actuar y lo que moralmente como persona sienta que deba actuar, mostrando así una discrepancia de pensamiento. En dicha situación de duda metódica se debe encontrar el presidente del Gobierno y secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, ante la decisión más compleja de su vida política: presentarse como candidato socialista en las elecciones generales de marzo de 2012 o dar paso a la sucesión en unos comicios que según las encuestas, previsiblemente perderá su partido. Tras dos mandatos de gobiernos socialistas en minoría, la crisis económica está pasando una dura factura a la imagen de Zapatero que se ha dejado gran parte de su credibilidad ante los españoles en los últimos dos años de gestión en La Moncloa. Así las cosas el debate sobre su sucesión se extiende de forma imparable entre los principales dirigentes del PSOE acuciados por las elecciones municipales autonómicas del próximo mes de mayo.

La primera discusión abierta tiene que ver con el momento que debe elegir el presidente Zapatero para hacer pública su decisión sobre su candidatura. La mayoría de los “barones” – presidentes o candidatos autonómicos socialistas – son firmes partidarios de que ZP termine de deshojar la margarita con suficiente antelación a cita electoral de mayo y, en privado, no ocultan su opinión de que lo mejor para todos ellos sería que renunciara a ser cabeza de cartel socialista en el 2012. Un anhelo que tiene más que ver con su propia perspectiva de derrota el 22 de mayo, que por lo que pudiera suceder en las elecciones generales, pues, ninguna duda de que sea quien sea el candidato del PSOE está condenado a perder. En esta línea se han manifestado públicamente los presidentes autonómicos de Extemadura, Guillermo Fernández Vara y el de Castilla-La Mancha, José María Barreda, dos feudos históricos del socialismo que gobierna en ellos desde hace más de veinticinco años, que pueden ahora ver peligrar su hegemonía. Hasta la fecha Zapatero se ha mantenido firme pese a opiniones de tanto peso en el partido, de comunicar su decisión a la vuelta del verano o al menos siempre después de las elecciones de mayo, bajo el pretexto de no interferir el camino de reformas estructurales emprendidas por su gobierno, solicitadas y aplaudidas por la Comisión Europea y sus colegas en el Consejo Europeo.

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Respecto a las verdaderas posibilidades de que Zapatero vuelva a ser candidato, solo podemos tratar de interpretar sus gestos y crípticas palabras pronunciadas por él en este sentido. La primera pista que él haya reconocido que tiene tomada una decisión al respecto. Si fuera a continuar no tendría porqué realizar este ejercicio de suspense, quien va a seguir en una responsabilidad no crea un clima de inseguridad sobre su futuro. La segunda pista su firme determinación de echarse sobre sus espaldas medidas impopulares que considera imprescindibles para sacar a España de la crisis. El otrora presidente populista, que gobernaba a golpe de encuestas, hoy vive ajeno a su falta de popularidad y no le tiembla el pulso a la hora de tomar medidas que siguen deteriorando su posición en los sondeos. Por otro lado, los posibles sucesores han empezado a hacer declaraciones abiertamente sobre el método que se debe emplear en dicho proceso. Si pensaran que Zapatero va a seguir, no se atreverían a debatir sobre el tema, lo que quiere decir que algún gesto sucesorio ha debido hacer en el ámbito gubernamental para abrir la carrera de postulantes.

Sin embargo, no está claro que ese deseo, en parte escapista, del presidente del gobierno, de apartar el amargo cáliz de la derrota electoral, pueda llevarse a efecto. Muchos dirigentes socialistas, actuales e históricos, opinan que debe ser Zapatero el que se presente en los comicios generales del 2012, responsabilizarse de la derrota y, posteriormente, en el 2013 ceder el paso como secretario general en el congreso del partido que ese año debe celebrarse. De esta forma evitaría la posibilidad de tener que hacer dos transiciones hasta encontrar un líder capaz de lograr una victoria electoral. Si Zapatero no se presenta, el o la candidata del PSOE puede perder por un amplio margen viéndose obligado a dimitir y obligando a otra sucesión casi sin margen de maniobra. “Si nos ha llevado hasta aquí, no puede irse ahora dejando el problema a un candidato que podría serlo con más posibilidades dentro de cuatro años”, se quejan muchos dirigentes socialistas. El problema es que el propio Zapatero ha podido llegar a la conclusión de ser más ya una rémora para su partido que un valor a exponer. Y con esta actitud difícilmente se puede forzar a una persona a desempeñar una responsabilidad.

En este ambiente de debate sucesorio lo primero que tendrá que aclararse es si el candidato socialista se elegirá a través de elecciones primarias en el partido o no. La decisión corresponde a la Ejecutiva Federal del partido, que viene a ser lo mismo que decir que le corresponde al propio Zapatero, pues, el máximo órgano del PSOE está compuesto mayoritariamente por dirigentes cercano al presidente del gobierno. Rodríguez Zapatero fue elegido secretario general en un congreso del partido y, sin embargo, parece preferir que su sucesión se dilucide en unas elecciones primarias, un procedimiento que no ha traído grandes beneficios al partido allí donde se ha aplicado. Las primarias se han manifestado como un mecanismo perverso contra los dirigentes, una forma de expresión del cabreo de las bases contra sus mandos. Sin duda que el candidato se elija en primarias o en un congreso, cambia sustancialmente las posibilidades de triunfo de uno u otro candidato. De optarse por las primarias, se daría el caso de que el secretario general no sería la misma persona que el cabeza de lista al Congreso de los Diputados, una bicefalia que también resultaría novedosa en el PSOE. La nominación a dedo y aclamación de la Ejecutiva Federal no parece muy viable en una partido que se empieza a resignar a la derrota.

Las quinielas sucesorias han lanzado ya nombres concretos que han protagonizado declaraciones al respecto, aunque solo sea para negar sus posibilidades o ambiciones. El primero o teóricamente mejor colocado es el vicepresidente primero, ministro del Interior y portavoz del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. La concentración de poder que ha acumulado tras la última remodelación del ejecutivo han disparado los rumores sobre sus posibilidades sucesorias, sin embargo, resulta complicado asimilar que quien siempre ha deseado ser número dos, el “rasputín” en la sombra del gobierno de Felipe González y ahora de Rodríguez Zapatero se atreva a dar el paso de ser cartel electoral y responsabilizarse de una posible derrota en las urnas. La segunda candidata in pectore, la ministra de Defensa, Carme Chacón, es una zapaterista definida, reúne además otra condición que siempre ha declarado el actual presidente, de que su sucesora sea una mujer. Su condición de catalana y dirigente del PSC complica el apoyo del partido en el resto del Estado. Pero en ellos no acaba ni mucho menos la nómina de nominables, insignes “barones” autonómicos como el citado presidente extremeño, Fernández Vara o el propio lehendakari vasco, Patxi López, podrían entrar en liza de definirse claramente de forma previa un “caballo ganador”. Y, por último, siempre aparecerán los “outsiders” típicos en una contienda de esta naturaleza, entre los que podría aparecer el presidente del Congreso de los Diputados, José Bono, que ya se enfrentó sin fortuna a Rodríguez Zapatero en el congreso del partido del que salió ZP como secretario general del PSOE. La realidad es que la situación que atraviesa del partido socialista es compleja incluso para manejar su derrota. Demasiadas incógnitas y poco tiempo para despejarlas adecuadamente, la inercia se impone en el día a día de los dirigentes del puño y la rosa, llevándoles hacia una derrota casi segura y sin capacidad de dar un giro a su percepción entre los españoles y volver a ilusionarles en torno a un nuevo líder y un proyecto renovado. El dilema Zapatero ahoga al PSOE que cada se parece más a la orquesta de los violinistas del Titanic.
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Comments

  1. Jesus , me parece interesante tu planteamiento al respwcto de la sucesion pero me pierdo un poco con los juegos de a quien le toca beberse el caliz de la derrota , si zapatero es historia y la derrota una realidad el futuro ganador de unas elecciones para el psoe deberia coger el mando ya y si en su camino esta la primera derrota , asi lo debe asumir

  2. Gracias Antonio, tu planteamiento está hecho desde la audacia y la valentía política, elementos que tienen que ver con la seguridad en uno mismo y, en suma, en la capacidad de liderazgo. Factores todos que creo que no tienen, hoy por hoy, ninguno de los posibles candidatos puestos en escena.

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