Con acento hispano

Bienvenida missis Merkel

La reciente y fugaz visita a España de la Canciller alemana Angela Merkel con motivo de la cumbre bilateral hispanogermana nos ha recordado a la genial obra de Berlanga, “Bienvenido Mr. Marshall”, por el fondo de las cuestiones tratadas, pero sobre todo, por el talante y las formas empleadas. Nunca antes citas de esta naturaleza se habían saldado de forma más fugaz en el tiempo y más displicente en las declaraciones.

La visita tenía antecedentes trascendentes, dado que el gobierno alemán durante los últimos meses ha sido el más exigente a la hora de demandar a España profundas reformas que corrijan los desequilibrios presupuestarios y el déficit público de la economía española. Alemania visualizó en España los principales riesgos para la supervivencia del euro, llegando incluso a poner en duda la estabilidad del sistema y de las entidades financieras españolas.

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Previamente vivimos una retaíla de velados enfrentamientos entre Rodríguez Zapatero y Merkel tanto en Consejos Europeos como en las cumbres del G20, donde uno defendía mecanismos públicos para el rescate para de las economías europeas en difultades, mientras la otra exigía multas a los Estados que incumplan los planes estabilidad presupuestaria diseñados por Bruselas. Un recorrido de diferencias de criterio saldado finalmente con una victoria por K.O. técnico por la canciller que mediante la perseverancia en sus planteamientos, el crecimiento de su economía y las manifiestas debilidades del resto de los socios de la Unión, se ha salido con la suya a la hora de plantear un modelo para salir de la crisis.

Ser el más fuerte nunca concede la garantía de tener razón. Alemania y su Canciller Merkel seguros de su dominio de la situación se pasean por Europa con aires de grandeza, mirando por encima del hombro o de soslayo al resto de los comunes mortales que poblamos la Unión. Tampoco son tiempos para dar lecciones a nadie. Cada cual campa libremente por la vida emitiendo opiniones, recomendaciones y hasta se pone al frente de la manifestación para evitar que esa especie de supervisión de los mercados se imponga a lo que durante siglos ya ha sido una historia por la conquista de derechos sociales.

La canciller pasó revista a las tropas españolas en un abrir y cerrar de ojos, certificó que España “va por el buen camino”, ya que hs recortado sustancialmemte el déficit público a costa de los funcionarios y los jubilados, ha reformado su sistema financiero hasta la bancarización de las cajas de ahorro y va a reformar las pensiones obligándonos a trabajar durante 38 años y medio hasta los 67 para cobrar una mísera jubilación. Merkel se fue tranquila porque el euro duerme algo más seguro ahora que España camina por la senda de la ortodoxia liberal para salir de la crisis. Se fue no sin antes rubricar su ofrecimiento para contratar en Alemania un ejército de jóvenes emigrantes cualificados españoles que mantengan el milagroso crecimiento germano y apaciguen la abultada estadística del paro en España.

Visita relámpago de formas inadecuadas, de gestos soberbios de una Merkel que ya no tiene reparos en escenificar su poderío y premia y castiga a sus socios según satisfacen sus intereses. Ya no recuerda cuando los demás durante más de una década mirábamos para otro lado mientras Alemania se reunificaba y sobrepasaba de largo los déficits marcados en el pacto de estabilidad por la Comisión Europea. Una pena que el gobierno español esté tan urgido del beneplácito alemán y cualquier foto le valga para respirar unos meses y recuperar algunos puntos en las encuestas.

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