Con acento hispano

Tras un fin de semana de filtraciones a la prensa – primero fue el Wall Street Journal y depués al diario El País – la vicepresidenta económica del Gobierno, Elena Salgado, en una sorpresiva rueda de prensa presentó el plan del Ejecutivo para la llamada “recapitalización” del sistema financiero español. Un pasito más para alcanzar el objetivo sagrado del gobierno Zapatero, la calma de los mercados internacionales. En la misma semana el líder socialista, otrora azote europeo de la derecha, habrá entregado al monstruo capitalista la carnaza demandada: por un lado la bancarización de las cajas y, por otro, la reforma de las pensiones ampliando la edad de jubilación y el tiempo mínimo del cómputo de cotización.

Las principales novedades de la reforma siguen al pie de la letra las recomendaciones de Basilea III, eso sí, agilizando los plazos marcados en dicha convención, lo que por desgracia nos alerta de los graves riesgos de perdurar la actual situación de descapitalización de las cajas. Lo que de normal nos llevaría al 2013, en España deberá llevarse a cabo antes de septiembre de este mismo año. Una carrera tan frenética en busca de capital solo puede deberse a la necesidad de drenar a toda velocidad la falta de activos y con ello de liquidez de muchas entidades. Parece evidente que tanto el Banco de España como el Gobierno español han llegado a la conclusión de que el principal problema de las cajas, sus activos inmobiliarios de dudosa valoración, tendrán una lenta digestión por lo que el capital se convierte en la única medicina eficaz a corto plazo.

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El mensaje lanzado a las cajas es evidente: capitalícense o les capitalizaremos. Es decir, les queda la opción de captar capital dando entrada a nuevos accionistas o si no logran cubrir sus carencias, será el Estado el socio, ya no prestamista, pues, el FROB actuará como banco y no como fondo de rescate. El gran riesgo de esta carrera capitalizadora no es otro que el que las entidades financieras centradas en el objetivo trascendental marcado y en el que se juegan su subsistencia, abandonen el día a día de su negocio, dejen de prestar y estrangulen aún más la liquidez del sistema productivo. En todo caso, parece que la salvaguarda para tratar de frenar dicho colapso se ha querido cifrar en dejar fuera del incremento hasta el 8% del core capital a las dos principales entidades bancarias del país, Santander y BBVA. Sobre ellos recae la responsabilidad de ampliar cuotas de negocio.

En apenas siete meses el sistema financiero español habrá cambiado, lo que no sabemos es a qué precio se va a producir tal metamorfosis. El gobierno evalúa en un máximo de 20.000 millones de € la necesidad adicional del FROB para esta fase, mientras analistas nacionales e internacionales llegan a elevar la cifra hasta los 80.000 millones de €. La realidad es que sobre cualquier cantidad que se pronostique pesa la losa de los más de 200.000 millones de € hipotecados por las cajas en activos inmobiliarios.

Y una última reflexión sobre la transformación posibilista del presidente Zapatero. Tal es su giro copernicano en política que a veces resulta difícil reconocer al soñador que fue. Instalado en políticas reformistas de elevadísimo coste social y, por tanto, político, se ha marcado o le han marcado pero la lleva a cabo, una agenda de reformas le cueste lo que le cueste. Su problema es su procedencia, su origen y la procedencia de sus políticas en tiempos de bonanza o no haber reconocido la gravedad de la crisis cuando esta se había instalado claramente en nuestras vidas. De no ser por su pasado cada vez más nos recordaría a Felipe González, pero su problema es que la memoria reciente de sus gruesos errores le han hecho perder la credibilidad ante los españoles.

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