Con acento hispano

La crisis sigue desplegando su alargada sombra sobre la Unión Europea, lejos de mostrar algún síntoma de alivio o esperanza, sigue despertándonos pesadillas en forma de pérdida de poder adquisitivo de sus ciudadanos. Todo empezó en el sector financiero, contagiado por la impredecible quiebra de entidades afectadas por las hipotecas subprime en Estados Unidos. Una vertiginosa descapitalización del sistema provocó la pérdida de confianza general y con ello, un retraimiento del consumo. Las empresas paulatinamente vieron perder sus márgenes y sus ventas, sin apenas capacidad de maniobra encorsetadas en estructuras productivas y laborales rígidas, la única fórmula de supervivencia que encontraron a mano fue recurrir al despido. El desempleo creció esponencialmente en la mayoría de los Estados de la eurozona y la demanda interna de cada uno de ellos nos llevó a una situación estadísticamente proclamada como recesión.

Paralelamente, los gobiernos tampoco fueron capaces de instrumentar medidas eficaces para frenar el estancamiento de la economía, salvo el socorrido método de cubrir las carencias con desmadrados incrementos del déficit público. Pan para ayer y hambre para hoy, pues, pronto llegó la necesidad de llevar a cabo ajustes severos presupuestarios, con la consiguiente reducción de servicios públicos y de derechos sociales. Todo ello lo hemos sufrido casi sin solución de continuidad, tratando de adaptarnos a la circunstancia como buenamente hemos podido, reduciendo nuestro nivel de gasto particular, las empresas buscando o tratando de hacerlo, nuevos mercados y aquilatando costes al máximo, todo lo que ha estado a nuestro alcance. Pero los límites de lo soportable por el sistema parecen acercarse a su fin y los primeros síntomas nos los está dando la inflación. Los precios se tensionan de nuevo en la eurozona por encima de las previsiones, lo que es un signo evidente de un nuevo descontrol de la economía y los culpables y responsables de la nueva coyuntura los podemos buscar entre todos nosotros.

null

Por un lado los propios gobiernos, presionados por los mercados de la deuda, agobiados por cumplir los requisitos impuestos por Bruselas sobre equilibrios presupuestarios, elevan la presión impositiva indirecta – IVA, tasas, impuestos especiales -. Por otro, las empresas que no hayan otra fórmula de establecer márgenes, tras años sucesivos de reducción de precios, se ven obligados lógicamente a subirlos paulatinamente. Y, por último, las entidades financieras con su falta de liquidez galopante han vaciado de crédito al sistema, con lo que la búsqueda de cash debe realizarse sí o sí a base de incrementos de precios. En resumen, una espiral que se retroalimenta y nos ahoga en un círculo infernal que ahora empieza a recordarnos el peor de los fenómenos económicos: la estanflación.

Un concepto económico bastante complejo de comprender. No resulta del todo sencillo explicar, pero está claro que es un fenómeno combina recesión económica e inflación. Ni es deflación, ni es inflación. La estanflación es un escenario económico diferente, que se define como una coyuntura económica en la que se da una inflación simultánea al estancamiento de la economía. En esta situación, la inflación no para de crecer y la economía de derrumbarse, y se trata de uno de los escenarios más difíciles de manejar para los gobiernos. Las causas de estanflación son básicamente dos. La primera es la recesión de la economía (cuando el PIB cae durante dos trimestres consecutivos). La segunda es el acompañamiento de esta contracción de la economía por un alza de precios, lo cual presenta una paradoja en la que todas las posibles soluciones pueden perjudicar las cosas.

Las subidas de precios en la eurozona ya no son cosa del pasado. A pesar de que la recuperación entre los países de la moneda única todavía deja mucho que desear, el IPC sigue repuntando en entre los 17 y ha encendido la primera alarma del Banco Central Europeo. La necesidad de mantener ancladas las presiones inflacionistas vuelve al primer plano tras superar el objetivo de precios del 2 %, el que siempre marca la institución que preside Jean Claude Trichet (el 2010 se ha cerrado con el 2,2 %). La entidad con sede en Frankfurt considera que las tensiones no se mantendrán en la parte final del año, pero ya ha advertido de que si la escalada de los precios continúa tomará medidas. España se aleja de sus socios con una tasa anual armonizada en 2010, la que cuenta a efectos de la eurozona, del 2,9 %. Cifra que dista y mucho del 2 % de Francia o del 1,9 % registrado en Alemania. A pesar de ello, en ambos casos el efecto de la subida de precios del petróleo y los alimentos ha elevado los porcentajes en el último año.

Si finalmente el BCE decide enfriar la economía europea, subiendo los tipos de interés, Alemania o Francia saldrán beneficiados, pues, sus niveles de crecimiento, especialmente la germana, y de inflación son comparativamente excelentes respecto al resto de los países de la eurozona. Una vez más serían Italia y, sobre todo, España los grandes perjudicados de una decisión de esta naturaleza, por no hablar de los pequeños afectados, como es el caso de los intervenidos, Grecia e Irlanda, o de quien está al borde de la intervención, caso de Portugal. Lo que resulta difícil de asumir es la existencia de Estados creciendo a fuerte ritmo y con inflaciones muy controladas o otros en situación de severo riesgo de estanflación, compartiendo la misma moneda, el euro. Es imposible aplicar una política monetaria armonizada y que garantice el equilibrio de la eurozona con tales diferencias. Tarde o temprano si no somos capaces en la Unión de disminuir la brecha que la crisis está provocando entre nosotros, acabaremos por ser víctimas todos de un corralito a la argentina.

null

Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+0Share on LinkedIn0
Author :
Print

Comments

  1. Ola Jesus,
    El corralito en Argentina habia blocado las cuentas en dolares de los argentinos. Imagino que no te refieres a las cuentas en dolares de los europeos – la gran mayoria no tenemos dolares?
    Un abrazo,
    Georgi

  2. Gracias Georgi. Precisamente me refiero a la hipótesis de desestabilización del euro en su paridad con el dólar. Si permitimos una divergencia fuerte entre economías ricas y economías pobres en la eurozona, el resultado bien podría ser la pérdida de valor del euro y, por tanto, la búsqueda de seguridad monetaria entorno a otra moneda, que hoy por hoy sigue siendo el dólar. Esta posibilidad vienen apuntándola las Escuelas liberales de negocios en Estados Unidos, no sin intención de derribar lo que siguen llamando la fortaleza de proteccionismo europea.

Comments are closed.