Con acento hispano

España, perspectivas 2011

El año 2011 tampoco se vislumbra con claros signos de recuperación económica en España. La previsión de crecimiento del PIB para 2010 se ha elevado en dos décimas porcentuales, hasta el -0,2%, mientras que la previsión para 2011 se ha revisado al alza en cuatro décimas porcentuales hasta el 0,8%. Sin embargo, existen importantes riesgos que pueden condicionar el cumplimiento de esta última previsión. El primero de ellos procede de la situación del sector financiero. Sus resultados se están deteriorando a gran velocidad lastrados como están por sus posiciones hipotecarias con importantes volúmenes de activos inmobiliarios de dudosa venta. En este sentido, va a resultar crucial para el futuro de la economía española las decisiones salientes del segundo test strees a la banca europea y de manera especialmente crítica la decisión que tome el Banco Central Europeo a la vista de dichos datos y de si decide incrementar las provisiones de las entidades españolas. Ello sin duda supondría un serio revés a la disponibilidad de crédito para la economía productiva española.

El segundo gran riesgo ya ha dado claros síntomas de empeoramiento en el segundo semestre del 2010. Las tensiones que de forma periódica vienen produciéndose en los mercados de deuda pública, se han ido desplazando hacia la deuda española que ha conseguido a alto precio mantenerse fuera del epicentro de las turbulencias y solo ha sido tangencialmente afectada por las mismas. Sin embargo, los mercados no parecen dispuestos a dar tregua al euro y, sobre todo, a sus contradicciones internas en forma de excesivos déficits públicos. De ahí que será transcendental, también en los primeros meses del año, la presentación de las cuentas públicas que el gobierno español realice en Bruselas y el grado de cumplimiento de los ajustes impuestos, no sólo a nivel estatal sino de forma más acuciante aún, en las administraciones autonómicas y locales.

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El tercer gran reto al que se enfrenta el Ejecutivo socialista en su puesta en marcha contrarreloj de medidas estructurales anticrisis, le supondrá a buen seguro un nuevo pulso con los sindicatos. La reforma de las pensiones ya anunciada por el gobierno para finales del mes de enero, que no cuenta aún con suficiente apoyo parlamentario para salir adelante, ha recibido ya la respuesta de las organizaciones sindicales en forma de una nueva huelga general, si Zapatero no da marcha atrás a su intención de elevar la edad de jubilación de los 65 años actuales a los 67 años. Primero fue la reforma laboral y ahora la de las pensiones, dos recortes sustanciales en el esquema de derechos adquiridos por los trabajadores que, sin duda están pasando una dura factura política al Partido Socialista. Si a eso le unimos el incremento de dos puntos de IVA – del 16% al 18% – del pasado mes de julio, la reducción del sueldo de los funcionarios, la congelación de las pensiones y la anunciada subida de servicios básicas como la luz – un 10% – y de gas – 4% -, compone un sombrío panorama sobre los bolsillos de las familias medias españolas.

Las posibilidades de creación de empleo son aún menos halagüeñas, dado que las estimaciones más optimistas cifran para el 2012 la obtención de registros positivos en el mercado laboral. Mantener un 20% de desempleados con las cuentas públicas bajo mínimos va a suponer todo un reto de estabilidad social e. incluso, de orden público y seguridad en las calles. Así las cosas parece evidente que el 2011 será un año de grandes noticias queramos o no en materia económica. Con casi total seguridad el sistema financiero español cambiará de rostro, mermará sustancialmente el número de entidades y afianzará definitivamente su proceso de bancarización en detrimento del modelo de cajas de ahorro. En el resto de sectores estratégicos, como el de la obra pública o el energético, parecería también lógico que se produjera un proceso similar de fusiones acomodando el volumen de mercado a los posibles oferentes del mismo. En sectores intensivos en inversiones de capital y de alta obsolescencia tecnológica, nuestro país difícilmente puede seguir manteniendo la oferta actual para una demanda deprimida y que tardará en dar síntomas de crecimiento sólido.

Políticamente el año viene marcado por las elecciones municipales y autonómicas del próximo mes de mayo. Son los comicios que reparten más poder territorial de cuantas se celebran en el Estado y, por tanto, siempre se han configurado como una suerte de primarias de las elecciones generales que deberán celebrarse de agotarse la legislatura, en marzo de 2012. Si como parece la intención de Rodríguez Zapatero es agotar su mandato, en mayo el PSOE se juega su posición local y gran parte de los territorios autonómicos en juego. El riesgo de que todo malestar social acumulado contra el Gobierno central se exprese contra los alcaldes y candidatos a alcaldes y a presidentes de Comunidades Autónomas es más que alto. En estos momentos todos los sondeos dan claro vencedor en ambos comicios al Partido Popular con distancias que van desde los 12 a los 18 puntos. Un dramático panorama para el PSOE que difícilmente tiene margen de maniobra en estos cinco meses para dar la vuelta a las encuestas. Más bien ha optado por la teoría de salvar “los muebles” o del “sálvese quien pueda” y que cada palo aguante su vela en cada ayuntamiento y Comunidad Autónoma.

Así las cosas no pasarían de media docena las capitales de provincias que seguirían estando gobernadas por el PSOE y a lo sumo dos o tres Comunidades Autónomas de 17 tendrían una presidenta o presidente socialista. De ser así, supondría el peor resultado de la historia de la moderna democracia española, el peor en 30 años. Una dura derrota que con casi total seguridad no sería más que la antesala de la salida de los socialistas de Moncloa, 10 meses después. Es decir que en los próximos 14 meses el vuelco absoluto político en España es más que posible. Queda por dilucidar el grado y cuantía de la distancia entre PP y PSOE y, por tanto, la capacidad de arbitraje que los nacionalistas catalanes y vascos tendrán en el medio plazo. En todo caso, el propio Zapatero se verá obligado en el primer semestre del año a aclarar si será o no el candidato socialista en 2012 lo que dadas las malas circunstancias por las que atraviesa su partido, abrirán un debate que se me antoja ya no será nada silencioso.

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