Con acento hispano

El hasta ahora presidente de Fomento del Trabajo Nacional de Cataluña, Juan Rosell, se ha convertido en presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, CEOE. Una patronal fundada en plena transición democrática con oro catalán a la cabeza, Carlos Ferrer Salat, que hoy pide a gritos una puesta al día de sus objetivos y de su discurso, tras el dilatado periodo de presidencia de José María Cuevas con gobiernos de Felipe González y José María Aznar y el truculento paso por la presidencia en estos últimos años de Gerardo Díaz Ferrán, que se va del cargo con sus empresas en quiebra e imputaciones en los tribunales. Todo huele a refundación y para ello se ha recurrido a una solución desde dentro que se venía postulando desde hace más de una década. Mucho ha tenido que esperar Rosell a alcanzar su ambición de dirigir a los empresarios españoles y es de desear que tanta espera no haya pasado el guiso. Porque me temo que la agenda que tiene por delante es tan amplia como compleja.

Tiene demasiadas demandas de los suyos hacia el exterior, acuciadas como están las empresas por encontrar salidas a la crisis. A las clásicas de la reducción de las cotizaciones a la Seguridad Social, abaratamiento del despido, flexibilidad de los modelos de contratación y desmantelamiento de la negociación colectiva – cantinelas que aunque parezca increíble llevan postulando desde hace 30 años, casi sin cambiar una coma -, se ha unido una doctrina liberalizadora antipública que se desliza contra el modelo de Estado de las Autonomías. Bajo la premisa de reducir el gasto de las Administraciones y el peso que suponen sobre el déficit público, algunos se han lanzado sin negarlo a solicitar una reforma constitucional que reduzca el poder de las Comunidades Autónomas o, incluso, en su sueño centralista, que recuerda a épocas predemocráticas a prescindir de ellas. Todo un cúmulo de reivindicaciones que son cada vez más airadas a medida que la crisis va mermando aún más los beneficios de las grandes empresas y las pequeñas y medianas siguen engrosando las colas de las quiebras, juntas de acreedores o subastas y liquidaciones de sus activos. Un clima de inestabilidad y nerviosismo cada día menos propicio a la negociación sensata y con visión de futuro.

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La propia naturaleza de la crisis y la distinta manera en que está afectando a grandes, medianos y pequeños, supone el segundo de los retos de Rosell: la paz interna de la organización. Cepyme, la organización de las pequeñas y medianas empresas, que suponen en España el 90% de los puestos de trabajo en España y el 87% del PIB, desde el inicio de la crisis y ante el tremendo impacto sufrido por éstas, se ha ido desligando paulatinamente de los dictados de su organización históricamente paterna, la CEOE, tratando de tener vida y perfil propio, con fotos oficiales incluidas en las negociaciones. Por otro lado, Rosell es el primer presidente de la patronal que se ha enfrentado a una lista alternativa, encabezada por el presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero. El hecho de no haber alcanzado una candidatura de consenso única también indica el ambiente de discusión interna que entre organizaciones sectoriales y territoriales reina.

Enfrente, en la mesa de negociación social, le esperan interlocutores que también se han renovado en los últimos años, en su casi totalidad. Por el Gobierno, un nuevo ministro, Valeriano Gómez, pasado por la administración pero de origen sindical. Y en las organizaciones sindicales, Fernández Toxo, que echó literalmente en un congreso al anterior secretario general de CC.OO. por blanco, Feliciano Fildalgo, y el único incombustible que se mantiene en el cargo, el secretario general de UGT, Cándido Méndez. El único superviviente a la crisis en el salón del diálogo social, el único que seguirá repitiendo en la foto que el gobierno pretende lograr en los primeros meses del 2011. Una foto que aparentemente nace velada, dado que los sindicatos ya han anunciado su intención de convocar una nueva huelga general en enero si el ejecutivo de Rodríguez Zapatero persiste en su intención anunciada de alargar la edad de jubilación hasta la 67 años.

La realidad es que todos los interlocutores han fracasado estrepitosamente ante la sociedad en los dos años largos que la crisis afecta de manera traumática a la economía española. Han sido incapaces de alcanzar un solo acuerdo y menos de proponer alternativas a la situación. Tanto CEOE como los sindicatos UGT y CC.OO. adolecen del mal del capón navideño, al cuál tras sus primeros meses de vida, se le estabula inmovilizado, y se le somete a un engorde continuo, hasta que alcanza su sobrepeso óptimo para ser sacrificado y entregado a la gula de los comensales en la mesa. En vez de cultivar su independencia y su capacidad de acción, los sindicatos y la patronal cayeron en la trampa lanzada por gobiernos de izquierda y de derecha de financiarse con los fondos de la formación continua de los trabajadores. Y en esa cómoda circunstancia, sólo han encontrado tiempo una vez por legislatura de convocar unitariamente una huelga general contra el gobierno de turno, para que los trabajadores a los que “forman”, no se olvidaran de su existencia. La patronal, por increíble que parezca dados los recursos de los que debería disponer, también tragó el caramelo envenenado de los políticos y las grandes empresas no se inmutaron cuando vieron convertirse a la CEOE en una aparato burocrático de papeleos y de cursillos por doquier, porque de esa forma sus cuotas se aligeraban y su influencia política la ejercían directamente, mirando de reojo a su poderoso vecino. Ahora a los tres capones, la crisis les ha pillado inválidos y mudos, o saben ni moverse, ni siquiera piar o cacarear lo que sucede.

Por eso la llegada de un nuevo personaje a la mesa, siempre puede considerarse una oportunidad para darle un vuelco necesario a la situación. Un auténtico cambio de modelo en el ejercicio del necesario diálogo social que debe producirse en una sociedad civilizada y democrática entre, empresarios y trabajadores. Tal vez por ahí deberían empezar, por definir un nuevo escenario, una mesa más representativa de la muy plural realidad empresarial y laboral que tiene España en el arranque de la segunda década del tercer milenio. Un modelo más territorializado, más cercano a la realidad de la economía productiva local y regional, un modelo en Red, en clúster, donde no solo se negocien las condiciones del mercado laboral – sueldos o despidos – sino condiciones de trabajo y de formación verdaderas, capacidades de innovación y todo aquello que realmente contribuye a configurar entornos empresariales de éxito. Discutir del papel de la universidad, de los centros de investigación, de los centros de fomento a la exportación, en suma de todo aquello que genera oportunidades de negocio. Lo demás a fecha de hoy se ha demostrado inoperante, inútil y carísimo para una sociedad que no está dispuesta a dar más cheques en blanco a organizaciones incapaces de cumplir con su función. Y lo malo es que ahora, ni el Estado tiene dinero ya para pagar las copas del festín.

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Comments

  1. “…cayeron en la trampa lanzada por gobiernos de izquierda y de derecha de financiarse con los fondos de la formación continua de los trabajadores”
    Y la bicoca de la promoción de viviendas, podríamos añadir.
    El modelo de organización sindical que no base su financiación en las aportaciones de sus afiliados y afiliadas, está hipotecado desde su génesis.

  2. Gracias Juan por refrescarme mi ya maltrecha memoria. Cierto es que a los sindicatos también les debemos haberse cargado literalmente el modelo coperativista de vivienda con casos de corrupción tan sonoros como el de caso PSV, que le costó la vida política a Nicolás Redondo. Sin duda buscar el camino fácil les ha llevado a la rídicula situación de tener de convocar huelgas generales por mes para defender unos derechos de unos trabajadores que no creen ya en ellos.

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