Con acento hispano

El último Consejo Europeo de 2010 ha pretendido dar una imagen al mundo, especialmente a ese gran regente oculto y anónimo que hoy son los mercado, de unidad en la defensa a ultranza de la moneda única, nuestro euro. Las ocurrencias formales para cambiar la percepción que han articulado nuestros jefes de gobierno son la creación de un fondo de rescate permanente para intervenir en defensa de los países en dificultades y, a la par, el anuncio del Banco Central Europeo de ampliar su capital al doble del actual – de 5.760 a 10.760 millones de euros -. En el baúl de los recuerdos han quedado propuestas como la emisión de eurobonos y muy lejos aún la formulación de un modelo de gobernanza económica europea.

Es evidente que a todos nos alegramos por seguir salvando in extremis la unidad europea en una situación económica tan grave como la que vivimos y que la mera foto y el gesto de presentarse unidos supone un respiro de alivio para los que somos firmes convencidos de la construcción europea. El problema es que se nos agotan los gestos y nos acucian los hechos. No podemos estar cada seis meses realizando declaraciones grandilocuentes de defensa europeista y que pasen los días sin que seamos capaces de poner en marcha herramientas verdaderamente eficaces para hacer realidad el sueño europeo. El día a día que sigue a las cumbres nos demuestra la inoperancia de las medidas en ellas aprobadas cuando son superadas por los acontecimientos generados en los mercados.

null

Más allá del acierto o error de las políticas aprobadas, el problema radica en el tempo de su aplicación. Nuestros gobernantes han aprobado una “mini-reforma” – no se puede expresar menos ambición – ante una situación de extrema necesidad de actuaciones, que para colmo requiere de un trámite para su aprobación lento, proceloso e impredecible, pues, debe contar con la ratificación de todos y cada uno de los Estados y sus respectivos parlamentos. Queremos que los mercados nos crean pero una vez mentimos porque ni los propios mandatarios allí reunidos pueden garantizar la aplicación final de las medidas. Y para colmo, los plazos se alargan hasta 2013, en un mundo globalizado y digitalizado, que vive on-line las 24 horas del día y que se mueve a toda velocidad de Oriente a Occidente, de Norte a Sur. El mundo vuela y nosotros nos quedamos al ralenti. En pocas palabras, estamos fuera de órbita, transitamos a una velocidad discordante con la realidad.

Mientras, se especula con nuestras dudas y temores, con nuestras reticencias internas, con nuestros enfrentamientos y el triste resultado no es otro que la colocación de la deuda española cueste hoy el doble de lo que lo hacía antes de iniciarse la crisis. Una deuda que por supuesto se carga en el debe de España, pero que por simpatía de una moneda común produce los mismos efectos de encarecimiento en el conjunto de los grandes países de la Unión. Estamos enfrascados en batallas semánticas y retóricas inútiles. Como ejemplo sirva que buena parte del Consejo se dedicó a discutir la redacción de los términos en que el fondo de rescate intervendría, llegándose hasta límites tragicómicos. La reforma del Tratado se limita al añadido de un párrafo al artículo 136 del Tratado: “Los Estados miembros cuya moneda es el euro podrán establecer un mecanismo de estabilidad que será activado si fuera indispensable para salvaguardar la estabilidad de la zona euro en su conjunto. La concesión de cualquier petición de ayuda financiera bajo el mecanismo estará sujeta a estrictas condiciones”. El cambio legal fue difundido triunfalmente por el presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, a través de Twitter: “Acordado texto de la enmienda del Tratado”, se leía antes de incluir el párrafo añadido.

En el borrador inicial del párrafo que se ha añadido, no figuraba la palabra “indispensable”. Su inclusión se interpreta como que “el fondo no está pensado para intervenir cuando un país en dificultades sino para hacerlo si el problema del país se agrava hasta el extremo de poner en peligro la estabilidad de la Eurozona”. Alemania cedió al no meter en el Tratado la expresión de que el fondo sólo se utilizará “como último recurso” y se conformó con el término más suave de “indispensable”. Y repito, todo ello para el 2013, largo me lo fiáis, que dirían los clásicos. ¿Alguien puede entender que ésta sea la forma de responder adecuadamente a los tremendos retos que tenemos por delante en Europa y a los continuos ataques que la eurozona sufre?

Por la parte española, el presidente Rodríguez Zapatero, al menos salvó los muebles formalmente al lograr la puesta en marcha del citado mecanismo permanente y, sobre todo, con la grandilocuente declaración de los 27: “Estamos dispuestos a hacer todo lo que sea necesario para defender la estabilidad de la zona euro” – aunque ni sepan cómo, ni a qué precio añadiría yo -. Ese voluntarismo simplón le vale al jefe del Ejecutivo para tratar de tranquilizar a los mercados y relajar la presión en el precio de la deuda del Tesoro… o eso cree a fecha de hoy. Y después, como en los últimos consejos, tuvo que pasar por el pesado trago de pasar examen de sus medidas de ajuste ante el resto de sus socios. Durante la cena, Zapatero explicó a sus colegas el alcance de las últimas medidas adoptadas por el Gobierno para reforzar la consolidación fiscal, incluido el impulso a la reforma de pensiones, un rubicón que debe acometer en el primer trimestre del año si quiere cumplir los objetivos de déficit y estabilidad presupuestaria marcados por la Comisión. Su rostro lo decía todo, gesto de preocupación y rictus de tristeza y derrota en sus ideas. Tanto debía notarse su angustia que tanto Sarkozy como Merkel, los que marcan el paso al ralenti de Europa, le saludaron con cariñosa condescendencia y una palmadita en la espalda.

null

Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+0Share on LinkedIn0
Author :
Print