Con acento hispano

El gobernador del Banco de España, Miguel Angel Fernández Ordoñez ha urgido una vez más sobre la necesidad de incrementar la edad de jubilación en España de los 65 a los 67 años para garantizar la sostenibilidad del sistema de pensiones. Más allá de las recomendaciones que le corresponde efectuar a la autoridad monetaria, el debate sobre los derechos de los trabajadores, en su edad laboral o como jubilados, nos sitúa en el eje central del modelo de bienestar que nos hemos dado en Europa desde hace más de 50 años. De hecho en este ya largo periodo de progreso social la tendencia preponderante ha sido reducir los años de cotización y tratar paulatinamente de adelantar la edad de jubilación en la mayoría de los Estados de la Unión.

En España, el camino mucho más reciente del disfrute de derechos y en el goce de una tercera edad económicamente digna, había alcanzado un amplio consenso político basado en el llamado Pacto de Toledo. No tocar el sistema de pensiones sin un acuerdo de amplia mayoría, al menos ha servido para dotar de estabilidad legislativa aunque no siempre se ha logrado evitar el mal uso en períodos electorales de unos y otros partidos, con el gastado argumento de que el triunfo de cualquiera de ellos pondría en riesgo el cobro de las pensiones. La grave situación de crisis que atravesamos obliga a una reformulación del sistema que a más tardar debería estar publicado en el Boletín Oficial del Estado la próxima primavera. Y así las cosas y teniendo en cuenta los calendarios electorales a los que nos enfrentamos – municipales y autonómicas en 2011, generales en 2012 – parece evidente que mantener el consenso será inviable. Le va a tocar al Gobierno buscar una mayoría parlamentaria para aprobar una reforma que casi con total seguridad nos llevará a trabajar y cotizar dos años más de nuestras vidas.

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Por primera vez en la reciente historia democrática española, nos enfrentamos a un recorte de derechos, de la misma forma que vivimos cada día pensando que la mañana siguiente la realidad puede empeorar. Pudiera pues parecer que el modelo de bienestar que consagramos en el Estado Social y de Derecho de la Constitución de 1978 ya no es soportable por la realidad económica española. Pero un razonamiento tan simplista debe ser rebatido con argumentos de fondo. La pura teoría de un sistema de pensiones, basa el pago de las mismas en función del tiempo de cotización de los trabajadores al mismo. Es decir, las contribuciones a lo largo de la vida laboral deberían ser capaces de sostener a futuro el cobro de las jubilaciones. De no ser así, puede deberse a que las cuantías de las cotizaciones y/o de las pensiones no se ajustan adecuadamente. O bien y aquí empieza la perversión del sistema, las cotizaciones presentes que deberían salvaguardar las jubilaciones futuras se utilizan en el tiempo para otros fines. Hablando claro, la caja de la seguridad social que debería cubrir el pago de pensiones viene empleándose con notable irresponsabilidad por parte de gobiernos socialistas y populares indistintamente para cubrir desfases de tesorerías varios de las cuentas públicas.

En cualquier caso, algo nos está pasando si resolvemos de manera tan grosera un problema como la sostenibilidad del sistema de pensiones con la solución de obligarnos a trabajar y cotizar dos años más. ¿Y si 24 meses no fueran suficientes, pensaremos en ampliarlos a 32 a 64, trabajaremos hasta los 70 o acabaremos con el debate a la americana, estableciendo que cada cual se pague la jubilación que pueda, si es que puede? No será que el reparto del trabajo y del tiempo del trabajo debe ser analizado desde otras ópticas distintas a las actuales y que el propio concepto de sistema productivo y de competitividad también requieren otro modelo. Probablemente si fuéramos capaces de organizar nuestra sociedad con un más razonable reparto de la riqueza, tendríamos más trabajo para más y, por tanto, para más cotizantes que harían posibles las jubilaciones de mañana a más temprana edad.

Repensar el modelo de bienestar es el reto verdadero que debemos afrontar, salvo que la única solución que se nos ocurra sea desmontarlo y volver más de medio siglo atrás. Pero si decidimos tratar de seguir caminando por la senda del progreso social y queremos mantener entornos similares de protección de la sociedad en la Unión Europea, entonces debemos realizar un esfuerzo intelectual superior. Empezando por tomar en consideración la importancia y necesidad del trabajo que entorno a los propios mayores pensionistas se nos ofrece, en algunos casos por realidades positivas y otras por tristes situaciones. Nuestras sociedades europeas, salvo por la sabia nueva y juvenil que suponen los inmigrantes, adolecen de un mal de envejecimiento pandémico. La pirámide demográfica nos presiona a pagar más pensiones, mientras el paro destroza nuestra población cotizante.

Sin embargo, pensemos en esos pensionistas que parecen ser hoy nuestro problema. ¿Por qué no convertirles es una maravillosa oportunidad para nuevos puestos de trabajo? ¿Por qué no cambiar el concepto y crear todo un sector productivo de trabajo social de servicios para los pensionistas? Entorno a un pensionista en plenitud física se nos abre la posibilidad de ofertar formación continua con cursos de posgrado o una oferta turística cultural, soluciones a nuestro sector inmobiliario con viviendas en zonas cálidas… Y cuando la salud les da la espalda y aparecen situaciones de dependencia, donde cuidadores y trabajadores sanitarios pasan a ser trascendentales. La suma de toda esta riqueza social y también económica no puede quedar al margen del cálculo de la sostenibilidad del sistema de pensiones. Si nos importa algo la dignidad de nuestros mayores y de nosotros mismos cuando lo seamos, debemos hacer un mayor esfuerzo por garantizar un sistema justo de jubilaciones.

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Comments

  1. SOY TRABAJADORA Y NO ME OPONGO A ALARGAR LA EDAD DE JUBILACIÓN HASTA LOS 67 AÑOS. TENIENDO EN CUENTA QUE EL SECTOR SERVICIOS -EL QUE MENOS ‘CASCA’ FÍSICAMENTE A LOS EMPLEADOS- ES EL QUE DOMINA HOY EN DÍA, LA MAYOR PARTE DE LAS PERSONAS SE SIGUEN ENCONTRANDO TOTALMENTE EN FORMA A LOS 65, E INCLUSO ESTÁN EN LA PLENITUD DE SU VIDA PROFESIONAL.

  2. Creo Mireia que nos es uan cuestión ni del sector, ni de las condiciones físicas en que uno llega a los 65. Se trata de defender un modelo de sociedad y de derechos, de reparto del trabajo y de cuidado de nuestros mayores. Nuestras sociedades europeas se han caracterizado en los últimos 50 años por la conquista de derechos sociales y ahora vivimos un proceso de claro retroceso. Gracias.

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