Con acento hispano

España en estado de alarma

El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero padece a diario una situación de infarto cuyo último episodio ha sobrepasado todos los límites de lo razonablemente imaginable al verse obligado a decretar el estado de alarma ante la huelga no declarada que han protagonizado los controladores aéreos. Cuando no le atacan los movimientos especulativos encareciendo gravemente las emisiones de deuda del Tesoro, se le encaran los grandes empresarios del país solicitando más urgencia a las medidas de ajuste e incluso, le ocupan el escenario político solicitando el cambio de modelo territorial. Y ahora los controladores, saltándose las directrices de los dirigentes de sus corporativos sindicatos montan contra él una auténtica sedición civil que ha dejado al país sumido en el más completo caos.

La primera reflexión por trascendente me lleva a pensar que algo esta pasando para que se sucedan tantos acontecimientos y tan graves, poniendo al Ejecutivo socialista contra las cuerdas. Una suerte de sintonía cuya batuta desconocemos pero que suena armónicamente como un repertorio de notas que van componiendo o lo intentan, un requiem por la supervivencia de Zapatero en La Moncloa. Parece evidente que toda esta escalada de inestabilidad se produce justo a las semanas de alcanzar el partido socialista y su gobierno un acuerdo con el partido nacionalista vasco que le garantiza los votos necesarios para concluir la legislatura, es decir cerca de un año y medio más. Aquí confluyen los intereses de quienes creen que 15 meses más de Rodríguez Zapatero dirigiendo el país son una eternidad y el daño que puede causar a la economía española irreversible. Voces que venían clamando por las elecciones anticipadas y que ahora se han silenciado pero han pasado a la acción, poniendo en marcha lo que podriamos denominar su plan B.

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Vivimos situaciones graves, que nos recuerdan demasiado a acontecimientos de hace treinta años. Entonces los militares protagonizaban intentonas de golpe de Estado. Hoy los “coup de force” contra el gobierno corren a cargo de los mercados internacionales, de nuestro vecino marroquí que aprovecha las debilidades españolas para distraer la atención sobre su actuación en el Sáhara reivindicando su soberanía sobre Ceuta y Melilla, de algunos empresarios con afanes políticos y colectivos profesionales ajenos al conjunto de los intereses de la sociedad. Demasiados problemas juntos, demasiados para considerarlos una casualidad.

La segunda reflexión no menos evidente que la anterior se centra en la incapacidad más que demostrada del presidente del gobierno Rodríguez Zapatero y su equipo ministerial para hacerse con el control de la situación y dirigir el país con una mínima iniciativa política. ZP navega en la zozobra permanente llevado por los vendavales que se desatan por doquier. El último caso, el de los controladores aéreos es una palmaria demostración de falta de previsión. El Ejecutivo llevaba a su Consejo de Ministros el decreto que regula los horarios de estos profesionales con los que mantuvo un ruidoso pulso el pasado agosto. Era de preveer que tratarían de devolver en forma de airada reaccion las medidas que el ministerio de Fomento les impuso en la citada negociación. La insumisión de los controladores le pilló al gobierno preparando su particular puente de la Constitución, teniendo que recurrir finalmente al estado de alarma ante el caos provocado.

El resultado final de tanto despropósito no es otro que 600.000 ciudadanos maltratados, 250 millones de euros en pérdida y la imagen una vez mas exhibida en primera plana de todos los informativos del mundo como ejemplmo de problemas y desorden. Algo que afecta especialmente a un Estado que tiene como principal fuente de riqueza el turismo y que recibe anualmente mas de 50 millones de visitantes. España está en estado de alarma y me temo que asi seguira mientras el gobierno sea incapaz de hacerse con el control mínimo de las amenazas que a diario le asedian y sus múltiples enemigos conscientes de su fragilidad persistan en el acoso.

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