Con acento hispano

La situación política en Argentina a apenas un mes de la muerte de su ex presidente y esposo de la presidenta, Néstor Kirchner, ha alcanzado las máximas cuotas de fragcionamiento y de vacío legislativo. El luto oficial y las imágenes de unidad del país ante el féretro de su difunto líder, han dado paso al último episodio de enfrentamiento político al verse Cristina Fernández obligada a prorrogar presupuestos, eso sí con unos ingresos extras de 18.500 millones de euros incrementados por decreto presidencial para cubrir gastos que también se decidirán desde la Casa Rosada sin más control. El espectáculo dado por las formaciones políticas en el último año, tras producirse la derrota del peronismo oficial en las elecciones y con ello la mayoría en las dos Cámaras, ha estado rubricado de ausencias repetidas del partido del gobierno y de la oposición impidiendo siquiera el quorum para la toma de decisiones. Las trampas y los recursos más marrulleros que puedan imaginarse en política han estado presentes en la vida política argentina desde entonces.

Ahora que el Parlamento toma vacaciones – del 1 de diciembre al 1 de marzo nada menos – la presidenta tira mano de sus superpoderes y por “necesidad y urgencia” decreta al margen de los legisladores la política económica, esto es la presión fiscal y sobre quiénes se aplicará, y la política de gasto y a quiénes beneficiará. Tiene en su mano el poder de repartir las prebendas del presupuesto en año electoral, con la enorme tentación que para un político esto puede suponer. Recelos que ayer mismo se encargó también de confirmar pues además del decreto de prórroga presupuestaria se sacaba de la manga una ampliación de la paga de pensiones de 430 euros por jubilado al año, para aquellos que cobran menos de 1.200 euros, lo que se extiende a unos cuatro millones de beneficiarios. Pese a que Fernández de Kirchner aún no ha anunciado su candidatura a la reelección cualquiera diría que ya ha empezado su campaña electoral.

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Lo triste del caso, de tanta irresponsabilidad política en un país de enormes recursos materiales y humanos, es que Argentina este año crecerá por encima de lo esperado y la previsión para el próximo año es aún más positiva. Datos de crecimiento que contrastan con el descontrol que las cifras de inflación vienen marcando mes tras mes. La economía argentina padece un mal endémico que la lastra de por vida: sus crecimientos por notables que sean mueren a manos de procesos inflacionistas que devalúan su moneda y deprecian el valor de sus ricas materias primas. La imposibilidad de encontrar una clase política rigurosa y capaz de dirigir con rigor y sacrificios presupuestarios, aboca al país al “sálvese quien pueda” y en cuanto las cosas parece que pintan mejor, se desmadran los precios y el despilfarro en gasto se dispara. El populismo de décadas y lustros de sus gobernantes convierten a Argentina en una suerte de tobogán económico cíclico, donde se suceden las quiebras y las bancarrotas.

Enfrente del peronismo oficial de los Kirchner todo es pelea y disenso. La teórica oposición es incapaz de articularse mínimamente para ofrecer una alternativa. Todo se basa en claves personalistas de políticos de gran retórica y discurso fácil para la masa desfavorecida. Populismo de populismo contra el populismo. Lo que el pueblo quiere oír para alcanzar el poder. El peronismo disidente por una lado, los conservadores de la Propuesta Republicana (PRO) de Mauricio Macri por otro, rompieron la Coalición Cívica triunfadora hace apenas un año. Pero el jeroglífico incluye a los radicales y los socialistas a su lío particular, a los conservadores independientes o los miembros de la Coalición que no se han quedado ni con los disidentes de los Kirchner ni con Macri. En ese ambiente de trifulca continua, los casos de corrupción y las acusaciones mutuas de intentos de sobornos de los diputados están a la orden del día.

Un año por decreto y un año electoral se antoja un peligroso cocktail para un país acostumbrado a la política fácil en las fases expansivas como la que se atisba a imaginar en Argentina en los próximos doce meses. Si al menos la región estuviera dotada de mecanismos de colaboración o de unidad económica sólidos, los argentinos podrían verse beneficiados del tirón general que vive Latinoamérica, pero desaparecido Lula del escenario político, parece difícil que la nueva presidenta, Dilma Rousseff pueda ejercer presión sobre su colega Cristina Fernández para que modere sus intenciones electoralistas por el bien de la estabilidad económica de la zona. Mercosur es una incipiente organización de mercado repleta de buenas intenciones pero de realidades poco prácticas y a la que, además, la Unión Europea da la espalda sistemáticamente en cada ronda negociadora que se pone en marcha.

Tal vez esa desafección europea y, en cierta medida internacional, de lo que sucede en Argentina es en gran medida la causante de sus propios males. Demasiado aislada en sus batallas internas, demasiada austral en su posición geopolítica, a nadie parece preocupar la estabilidad de uno de los países más ricos del planeta. Ensimismados en su suerte los argentinos pasan de la sonrisa a las lágrimas sin solución de continuidad, ni una perspectiva estable de supervivencia en el cada día más complejo escenario mundial. Son por derecho miembros del G20 pero de ahí a ocupar tan privilegiado asiento con proyecto de futuro, dista mucho.

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Comments

  1. Gracias jaker
    Pese al pesimismo que me produce tu lúcido comentario en tu blog, si no reconocemos los errores históricos es imposible alcanzar una línea de progreso y justicia real en los países.

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