Con acento hispano

El presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero ha protagonizado, declaraciones públicas incluidas, un enfrentamiento formal y conceptual con la canciller alemana Angela Merkel a cuenta de quién debe pagar el rescate de Estados o entidades financieras en situaciones de extrema dificultad. El escenario nada más y nada menos que la cumbre del G20 – la particular mini ONU creada en plena crisis como nueva herramienta de gobernanza económica mundial – ante los líderes del planeta, los de siempre y los emergentes.

Seúl ha sido testigo de esta peculiar interpretación de Zapatero en una aparente revisión del mítico héroe británico, Robin el de los Bosques de Sherwood, que como es bien sabido se dedicaba a la noble función de robar a los ricos para repartir el botín a los pobres. Y claro que tenía razones ZP para encararse con Merkel. Razones propias y ajenas, las de una España dolida con la mandataria alemana por los rumores esparcidos a su costa sobre la deuda española y razones ajenas por el coro de países que claman contra la nueva dama de hierro europea por seguir ajustando su economía, deprimiendo su consumo y, por tanto, ralentizando las opciones de la economía mundial de volver a la senda del crecimiento sostenido.

Porque hay motivos más que suficientes para preguntarse ¿a qué juega Alemania nadando contracorriente y realizando severos ajustes cuando es la economía mundial menos endeudada y con mayores crecimientos en el mundo rico? Sólo pueden guiarle dos intenciones: una confesable aunque poco solidaria, aprovechar la debilidad de los demás para afianzar su dominio comercial y otra inconfesable porque pondría al descubierto debilidades propias o intenciones especulativas, el temor a hacer efectivo el pago de los intereses de la deuda invertidas en los países que atraviesan dificultades en la Unión Europea.

Sea por lo que sea, el mundo ha encontrado dos malos oficiales a los que culpar del retraso que vivimos en el anhelado proceso de la salida de la crisis. En Europa Alemania y, en el mundo, China con su política entorno a su divisa que trae de cabeza a la Reserva Federal de los Estados Unidos y a su sacrosanto dólar. Los motores de la economía mundial han decidido tirar cada uno por su lado, dar la espalda a las soluciones globales ante la recesión y caminan decididos, con crecimientos sólidos, por la ruta de sus ortodoxias particulares. Jintao y Merkel agrían el gesto a Obama mientras éste ha visto perder su mayoría en el Capitolio porque no es capaz de recuperar económicamente a su país.

El riesgo para Europa de la política que inspira a Merkel resulta de una propuesta que implica la posibilidad de que algún país no pague lo que debe a sus acreedores. Ello dispara el tipo de interés que paga la deuda de esos Estados y son pieza fácil de los especuladores que abundan hoy en un mercado y que encuentra gran rentabilidad en este tipo de operaciones y escasa en apostar por innovacion o economía productiva. Primero fue Grecia, ahora es Irlanda, ¿después sera Italia, España…? Deslizarse por un desfiladero de este tipo puede llevar a la UE a partirse en dos, una realidad que haría prácticamente inviable la construcción europea y la estabilidad de la eurozona.

Zapatero ha logrado, por segunda vez, la primera fue en el último Consejo de octubre en Bruselas, frenar a Merkel. Pero ha tenido la habilidad de separar sus argumentos de los de los países en riesgos. Lo que sucede en Grecia y, ahora en Irlanda, es fruto de políticas poco responsables en gasto público que han disparado las cifras de déficit y la deuda necesaria para financiarlo. De esta forma, España trata de poner un muro de contencion frente a los países en riesgo de rescate. Ejerce de Robin Hood pero deja claro que aunque se enfrenta al rico porque le interesa el botín y en parte beneficia a los pobres, él ni es, ni desea estar, entre los modernos parias de Europa. Y como buen converso a las directrices marcadas por el BCE – hasta el pasado mayo Zapatero y sus políticas de gasto ponían los pelos de punta a la Comisión y al Banco Central Europeo – predica las bondades del control presupuestario para salir de la crisis. Una de cal y otra de arena.

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