Con acento hispano

Alemania se ha cansado de pagar las copas. Europa vivió muchos años de construcción común gracias a las generosas aportaciones germanas, pero eran tiempos de unificación alemana y de bonanza económica. Y ese europeismo que también supuso un proceso de ampliación vertiginoso a la Unión Europea, nos ha llevado en una década a incorporar a los Estados del Este que componen el gran área de influencia comercial y geopolítica de Alemania. Pero la crisis y la mentalidad de la Canciller Ángela Merkel imponen nuevos tiempos en la Unión y no precisamente propicios a las concesiones a la galería. Como dice la canción, son “malos tiempos para la lírica” y Merkel no está dispuesta a transmitir sobresaltos a sus compatriotas con la inestabilidad de Estados poco rigurosos como fue el caso de Grecia o la burbuja inmobiliaria española. Los ricos bolsillos alemanes se alimentan de euros y ya no de marcos como antaño, por lo que los errores o las juergas de otros las pagan indirectamente en suelo alemán.

En este contexto, Merkel ha marcado un paso tan firme como tenaz por el camino de la ortodoxia presupuestaria, siempre entendida desde la mentalidad conservadora/liberal/socialcristiana que impregna su Gobierno. Ha decidido no mirar atrás para ver si alguno de su socios europeos le siguen el paso o exhaustos ante sus ritmos de crecimiento se van quedando por la cuenta pidiendo un auxilio que seguro tendrá coste elevado. Es la estrategia del poderoso, del que se sabe fuerte, consciente de que el mercado construido para disfrute de las empresas alemanas, con los actuales 27 es más que suficiente y que la mejor forma de que compren sus productos, es que tarde o temprano precisen su ayuda.

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No es mala estrategia pero se olvida de que puede quedarse sola en esta apuesta. De momento le sigue, eso sí con la lengua fuera, una Francia venida a menos, acosada por las protestas sociales y dirigida por un Sarkozy que hace tiempo que ha abandonado sus aires de grandeza y sus sueños de liderazgo europeo. Bastante tiene con dar la mano a Merkel para poder apagar los fuegos que incendian París. Los demás, al menos de momento, protestan en la intimidad aunque no les queda más remedio que poner sonrisa de pobre indigente cuando la Canciller les saluda con esa frialdad extrema que le llevó a afirmar a través de su diplomacia que no le gustaba que la manosearan saltándose el protocolo. La gobernanta del hostal europeo no quiere bromas ni sustos, su plan se debe cumplir sí o sí. Lo único que está dispuesta a pactar son los plazos, lo que debería ser según ella en dos meses, puede ceder a que se haga en seis. ¡Qué alivio para el pobre, nos amplían el plazo de mora cuatro meses, 120 días para buscarnos la vida y que no nos embarguen y desalojen del club europeo!

La pretensión de Merkel con la anuencia de Sarkozy de quitar el voto a los Estados con exceso de déficit – increíble dada la flexibilidad mostrada por todos con ambos países cuando incumplían los niveles de déficit marcados en los criterios de convergencia para la puesta en vigor del euro -, rompe los principios más básicos y fundacionales de la Unión. Cuando Alemania gastaba desmedidamente para sufragar su unificación o Francia era incapaz de ajustar sus cuentas públicas por no llevar a cabo reformas, tan dolorosas como necesarias, que modernizaran un Estado centralista y funcionarizado, a nadie se le ocurrió proponer que alemanes o franceses no tuvieran votos en las decisiones que nos han llevado hasta hoy en la Unión Europea.

Dicho esto, es evidente que hay que ponerse en la piel de muchos alemanes que ahorran fruto de un esfuerzo en el trabajo que les lleva a ser el país más competitivo de Europa. Pretender que sean los paganos vitalicios de la UE, sin poder imponer las reglas del juego, sería de ilusos. Un panorama complejo de intereses casi contrapuestos donde resulta muy difícil apostar por más Europa. El reto lo tiene un hombre de manera muy especial, el presidente del Consejo – que no lleva ni un año en el cargo y ha tenido que afrontar situaciones tan tremendas como la crisis griega – Van Rompuy, que debe tratar de acompasar los pasos germánicos a las posibilidades de supervivencia del interés común. De la habilidad del veterano político belga va a depender en gran medida que la Unión supere esta encrucijada en que por un lado Alemania y Francia y, por otro, los socios con graves desequilibrios presupuestarios, la han situado.

Así las cosas el presidente español, Rodríguez Zapatero trata de ganar tiempo para poder cumplir los compromisos de ajuste que le han impuesto los grandes de la eurozona. Tras “salvar los muebles” in extremis en mayo, ha acometido los recortes y reformas que le recomendaron desde las autoridades económicas de la Comisión y el BCE. Ha logrado estabilidad parlamentaria para concluir la legislatura sin sobresaltos y ha remodelado su Ejecutivo y la organización de su partido tratando de recobrar imagen mientras aguarda que la situación económica empiece a dar los primeros síntomas de recuperación. Su problema es el tiempo, un tiempo que derrochó al inicio de la crisis y que ahora le persigue por todos los rincones, sea para acortar distancias en voto con el PP o para poder cumplir las condiciones que le impone Bruselas. Con su particular conejo de Alicia en el País de las maravillas, Zapatero corretea mirando la hora acuciado por las deudas. Demasiadas debilidades y poco crédito para plantar cara a Merkel y Sarkozy, rendidas como están sus banderas de la izquierda que fue.

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Comments

  1. Jesús,

    Comparto tu descripción de la actitud alemana, pero les entiendo y creo que tienen razón. Por más que en un tiempo les haya interesado permitir un endeudamiento público elevado, están en su derecho de no querer soportarlo más. Tiene que resultar difícil presenciar actitudes como la de nuestro país (administración pública incluso triplicada y cuadruplicada para algunas competencias, sindicatos financiados con los impuestos que campan por sus respetos en el sector público, ciudadanos cuya aspiración es vivir de “papa estado” …), y pensar que “si nos va mal …” tendrán que estar ahí para “pagar las copas”.
    La verdad me gustaría tener “una Merkel” al frente del gobierno español. ¿Tan difícil es? ¿Qué tenemos los españoles para no surjan líderes con ese pérfil?

  2. A IM
    No cabe duda de la necesidad de establecer entre los 27 mecanismos de responsabilidad en el uso de los presupuestos y ayudas de la Unión Europea. Pero llevarlo al extremo de prohibir el voto me parece poner en serio riesgo la construcción común.
    Respecto a la necesidad de líderes en España creo que el empobrecimiento de la calidad de la clase política española tiene mucho que ver con la escasa valoración que le estamos dando a la política. Permitimos que la acción política se rija por la “mediocridocracia” en vez de por “meritocracia”. Mientras no pongamos en valor y ejemplaricemos con las figuras de aquellos políticos que cumplen correctamente sus funciones y castiguemos duramente a aquellos que solo están para aprovecharse de la cosa pública, no tendremos líderes de altura.

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