Con acento hispano

El Congreso de Empresa Familiar reúne anualmente un selecto grupo de grandes empresarios españoles cuyo vínculo común consiste en que el concepto de la propiedad de sus negocios se basa en la unidad familiar. Una característica que conlleva beneficio cuando padres, hijos, hermanos, primos y cuñados se ponen de acuerdo y supone un drama cuando se pelean por la herencia o los cargos. Pero indudablemente por cantidad y calidad representan una buena parte del PIB español y es un foro-lobby que cuenta por ello con la presencia como invitado del político que consideran en mejor “estado de forma”. Tal singular honor le correspondió el pasado año al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero y, sin embargo, este año ha corrido a cargo del presidente del Partido Popular y líder de la oposición, Mariano Rajoy. Tal vez tenga algo que ver que las encuestas le conceden al PP algo más de 12 puntos de ventajas sobre el PSOE.

De maestro de ceremonias y telonero de altura, en esta ocasión, actuó Emilio Botín, presidente del Grupo Santander – la tercera entidad financiera mundial por beneficios – y perfecto exponente de los empresarios familiares. El discurso del banquero y del político, sonaron monocordes como replicantes que están de acuerdo en el camino de las reformas que deben emprenderse ante la actual grave crisis que vive España. “Menos autonomías y más privatizaciones”, clamó Rajoy mientras Botín apostillaba, “más liberalización y menos impuestos”. Lo que más sorprende es la mezcla de conceptos como la estructura administrativa del Estado con la eficiencia en el gasto público. Es evidente que los procesos de racionalización de las distintas Administraciones debería ser un proceso continuo de mejora que ni siquiera está en cuestión, pero deslizar como argumento el abaratamiento del Estado para colar de rondón una pérdida de poder de las Comunidades Autónomas, sugiere una especie de trampa que elude el debate de fondo: ¿Cuál debe ser el modelo territorial del Estado español en las primeras décadas del siglo XXI?

null

El Partido Popular está perfectamente legitimado para abrir ese debate si considera necesaria la reforma del Título VIII de la Constitución de 1978, dado el recorrido histórico del mismo y las necesidades que estime a futuro. Seguramente además coincide con un buen número de ciudadanos que en el Estado español consideran que se ha ido demasiado lejos en la descentralización del poder y que conviene volver a un modelo más “español” al viejo estilo. Pero no debería olvidar el PP, ni su líder, que dicho debate solo puede hacerse contando con el Partido Socialista, dadas las mayorías que se precisan para tal reforma y, no menos importante, que en el Estado español conviven sensibilidades en Catalunya, Euskadi y Galicia, que hoy por hoy no encuentran su encaje en el modelo autonómico y aspiran a su independencia de España. Este difícil entramado de opiniones dio como resultado el Estado de las Autonomías, como una especie de “mal menor” aceptado de alguna forma por casi todos. De ahí que reducir algo tan esencial en la conformación de las decisiones que entre todos nos damos no puede liquidarse con un mero argumento mercantilista.

Nadie duda que es urgente una revisión en profundidad del funcionamiento de las Comunidades Autónomas, su relación con la Administración del Estado y con los ayuntamientos. Pero ese debate tiene que hacerse en el contexto europeo en el que estamos inmersos. Pensar cómo debe ser el Estado español hoy, no puede realizarse de espaldas a Bruselas, a la política regional de la Comisión Europea, a las decisiones cada día de mayor peso del Parlamento Europeo o a las recomendaciones que emite el Comité de Regiones de Europa. Somos una Europa de pueblos, viejos pueblos cargados de historia, para bien y para mal, que deben trabajar en red para coordinar sus recursos y sus espacios de libertades. Ese es el espíritu de eliminación de fronteras y de respeto y potenciación de la diversidad que inspira la Unión.

Solo enfocando así el debate, integrando todas las sensibilidades del Estado y con una perspectiva europea del modelo a elegir, llegaremos a la conclusión en las urnas, si debemos mantener las Comunidades Autónomas, si vamos a un modelo asimétrico con nacionalidades y autonomías o si optamos por el Estado federal o la confederación de alguna parte con el Estado. ¡Demasiado bacalao para digerirlo con unas palabras ante los empresarios familiares!

null

Tweet about this on TwitterShare on Facebook0Share on Google+0Share on LinkedIn0
Author :
Print

Comments

  1. Me llama la atención que este discurso de las autonomías enfrentado a la realidad europea sea un tema tan recurrente. Sin ir más lejos ayer Felipe González comentaba que es complicado a fecha de hoy crear una conciencia europea cuando hasta hace dos días nos estábamos pegando.
    En España podemos pensar algo parecido, es decir que hasta hace cuatro días también nos pegábamos. Los mismos problemas que existen para crear una unidad de sentimiento a nivel europeo aparecen para hacerlo a nivel español, vamos que un andaluz puede ser tan diferente a un vasco, como un español a un noruego. Complicado encontrar similitudes.
    Y ahí nos viene el problema, que de repente estamos todos en un mismo saco que nos resulta incómodo.
    Volver a la unidad del estado español… complicado cuando cada uno tiramos hacia nuestro lado. Todos queremos lo mejor para nosotros mismos y eso va desde el nucleo familiar en adelante, vamos que nis interesa nuestra casa, nuestro barrio, nuestra ciudad, nuestra comunidad y luego ya nuestro país y así es complicado llegar a acuerdos o consensos.
    Más aún con las susceptibilidades que nos vienen de la época del franquismo que pretenden que la sociedad española “pague” aquellas libertades que no les concedieron en ese periodo de nuestra historia.
    Total, que si cada uno tira de la manta en una dirección o se acaba rompiendo o alguno duerme con el culo al aire.

  2. A FERNANDO
    De lo que se trata es de buscar el mínimo común denominador y la demostración de que juntos nos irá mejor que separados, pero eso solo se logra desde el más absoluto respeto a la diversidad.

Comments are closed.