Triste miseria: la corrupción también está en crisis
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¡Algo bueno tenía que traernos la crisis! Según el Índice de Percepción de la Corrupción 2010 que elabora anualmente Transparency International, en España la fuerte desaceleración de la economía y , en especial, el pinchazo de la burbuja inmobiliaria, han puesto coto a los desmanes de corruptos y corrompibles. Nos mantenemos en una discreta nota del 6,1, donde 10 es la honradez y la transparencia y 0 es el convoluto y la cloaca. Alegrarse de que no haya dinero para comprar o ser comprado en un país desarrollado y democrático no es más que un eufemismo, porque me temo que los males endémicos que propiciaban tan altas cotas de corrupción no han desaparecido con la penuria, simplemente hay menos para repartir.
España ocupa la trigésima posición de los 179 países evaluados, siendo el campeón de la transparencia, en esta clasificación nada baladí, un socio europeo escandinavo, pequeño pero serio: Dinamarca. Y la segunda posición la ocupa Nueva Zelanda, uno de los últimos lugares de la Tierra poblados por el hombre y el primer país del mundo en conceder el sufragio a las mujeres. La modernidad va unida a la limpieza en las formas. Las sociedades más avanzadas son aquellas en que los procedimientos de decisión y concesión son más limpios y claros. Lo demás sirve a la falta de libertades, al atraso social y, en suma a la pobreza de cuerpo y espíritu.

Por ello si la corrupción se alimenta de los gobiernos dictatoriales y de la escasez de recursos, llama más la atención y nos debería poner a todos en alerta la situación que el informe describe en la Unión Europea. Casos tan ejemplares como los de Dinamarca (1), Finlandia (4), Suecia (4), u Holanda (7), conviven con las nada edificantes realidades de Bulgaria (73), Rumanía (69), Italia (67), Eslovaquia (59) o República Checa (53). Proclamamos la existencia de un espacio común económico, de derechos y libertades, pero los comportamientos de gobernantes y gobernados en la UE siguen siendo más propios de la Europa precomunitaria.
Como es lógico, aún menos tranquilizadoras son las conclusiones del informe respecto a América Latina donde salvando las muy honrosas excepciones de Chile (21), Uruguay (24) y Costa Rica (41), tres pequeños países en el contexto de la Región, el resto se hunden en posiciones que deberían sonrojar a todos sus gobernantes: México (98), Argentina (105), Ecuador (127), Paraguay (146) y Venezuela (164) como paradigma de la falta de transparencia. En medio un pelotón camino de las reformas con Brasil (69) al frente, junto a Colombia (78) y Perú (78). El reflejo de la fría estadística de la honradez coincide con la percepción internacional de los Estados que se esfuerzan por incorporarse a las democracias más avanzadas y las que se han anclado en el populismo para afianzarse en el poder y sumir a sus ciudadanos en las tinieblas del subdesarrollo.
No reconocer que la corrupción y sus aliados más fuertes – economía sumergida, tráfico de armas, drogas y personas – constituyen el principal problema para lograr una gobernanza económica mundial digna, es no querer abordar el reto y consagrar la injusticia en el mundo. Estos altos niveles de corrupción no hacen sino poner en riesgo los medios de subsistencia y con ello la vida de muchísimas personas en todo el mundo. Europa tiene que jugar un papel fundamental ejemplarizante en esta materia, le sobran recursos y mecanismos para controlar las buenas o malas prácticas de los gobiernos que integran la Unión. Es evidente que aquellos Estados donde la crisis financiera ha hecho más mella, son hoy perfecto caldo de cultivo para que la corrupción se incremente. De la misma forma que todos sabemos que las políticas globales que pretender restablecer la confianza del sistema y con ello la recuperación económica están en serio riesgo si no atajamos definitivamente en nuestro espacio común europeo la corrupción y el fraude.
Informe completo de Transparency International:
http://www.transparencia.org.es



