Con acento hispano

Finalmente el Consejo de ministros de Asuntos Exteriores de la UE dio su brazo a torcer y tras meses solicitándolo España, abrirá vías de contacto con la administración cubana. Un giro que se produce como contrapartida al gesto llevado a cabo en los últimos meses por el régimen de La Habana permitiendo la expatriación de presos políticos cubanos que han sido acogidos por el gobierno español. Se inicia así un período nada fácil de acercamiento entre la recién nacida diplomacia europea representada por Catherine Ashton y el languideciente gobierno comunista de Raúl Castro. Ha costado lograr el giro de la política exterior europea hacia Cuba pero nunca es tarde si la dicha es buena, porque probablemente las dos partes están necesitadas de un éxito diplomático de repercusión internacional.

Cuba no puede seguir esperando a que sus tímidas reformas den algún fruto que calme las crecientes necesidades de la población. El increíble reconocimiento de su Comandante, el resucitado Fidel Castro, al señalar que el régimen castrista ya no funciona ni en Cuba, es la mejor prueba del deseo de pisar el acelerador para cambiar a más velocidad y toda una llamada de auxilio a la comunidad mundial para que tienda una mano a la isla. Una línea pragmática de gobierno que, sin embargo, pide tiempo para que el aparato de poder se pueda reformar a si mismo y perpetuarse en la dirección pese a que todo cambie. Salvar el orgullo y salvar el cargo parece ser la consigna del Partido Comunista de Cuba.

Por su parte la Unión Europea hace ahora un leve gesto a la semana escasa de premiar a uno de los presos políticos de mayor proyección internacional, Guillermo Fariñas, premio Sajarov del Parlamento Europeo 2010. Dejaba así claro que lo de hoy es un acercamiento comercial, que no cambia la posición común adoptada por la UE a instancias de un José María Aznar que acababa de ganar sus primeras elecciones. La defensa europea de los derechos humanos y la falta de democracia en Cuba siguen siendo escollos hoy por hoy insalvables aún para normalizar las relaciones.

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En cualquier caso, Europa también tiene hambre, como buenos ricos, hambre de protagonismo internacional. Precisa demostrar al mundo su capacidad de hacer política internacional, especialmente tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa y en pleno debate sobre el SEAE – Servicio Europeo de Acción Exterior -, tras la puesta en marcha del euro, probablemente la decisión más trascendente de la Unión. Un nuevo fracaso no haría más que dar la razón a quienes proclaman día sí y día también la impotencia de Europa para poner en valor su fuerza económica y transformarla en capacidad política. El escenario es además perfecto, a escasas millas marinas de Estado Unidos, Cuba puede convertirse en el ejemplo perfecto para desmarcarse de la diplomacia de Washington que pese a las mejores palabras empleadas por la administración Obama, apenas ha dado un solo paso de acercamiento a la isla.

Estas serán probablemente algunas de las claves que los personajes que se entrevisten el La Habana tendrán en cuenta. Pero para quienes creemos que la alta política solo lo es cuando se ocupa de los verdaderos problemas de los ciudadanos nos preocupa cómo se puede ayudar al pueblo cubano a transitar pacíficamente hacia la libertad plena y la democracia y cómo se le puede incorporar a los procesos de desarrollo económico sin generar una sociedad con endémicas desigualdades, como fue el caso de la Rusia ex-soviética. Y para tales objetivos al menos tenemos la prueba empírica de que una política de aislamiento y cerco internacional propiciada por Estados Unidos y seguida en gran medida por Europa, no ha servido más que para acrecentar el sufrimiento y los padecimientos de los cubanos.

Si en algo puede servir al mundo la triste experiencia que los españoles vivimos con la dictadura franquista, el crecimiento económico de los años 60 fruto de las normalización de las relaciones comerciales con Europa y Estados Unidos, hicieron posible el establecimiento de una clase media cuyos hijos accedieron a estudios universitarios y con ello al anhelo por las libertades. Allí nació nuestra actual democracia. Tal vez por ello y porque Cuba representa el último destino colonial español con la carga mítica supone, el gobierno Zapatero, de la mano de su ministro Miguel Ángel Moratinos ha tratado en los últimos años de cambiar la sensibilidad de la Unión hacia la isla caribeña. La paradoja ha querido que el principal impulsor de esa nueva política europea haya alcanzado este triunfo a título póstumo políticamente hablando, ya que ha sido su reciente sucesora – lleva menos de una semana en el cargo – Trinidad Jiménez quien se ha apuntado el tanto en este particular partido por la libertad de los cubanos.

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Comments

  1. El estado actual de la relación entre Cuba y la Unión Europea se plantea como un complicado conflicto a tres bandas. El elemento de la disidencia cubana, que recibe todo tipo de represiones y persecuciones dentro de la isla, clama por su cuota de protagonismo al haber hallado en Bruselas un púlpito fiable y seguro desde el que lanzar sus reclamaciones.

    Personalmente me resulta llamativo los pasos aparentemente contradictorios que la UE está dando en este sentido. Hoy premiamos a uno de los principales opositores al Gobierno de los Castro que va ya por 23 huelgas de hambre y que incluso se plantea comenzar una nueva si no le permiten acudir a recoger su anhelado premio Sajarov (y digo anhelado porque entrar de nuevo en huelga de hambre para poder el galardón entre sus manos debe querer decir que realmente lo desea), mañana comenzamos negociaciones para tratar de levantar o suavizar la Postura Común hacia la isla ¿Y después qué?

    Lo que sí que es cierto es que en este caso España, como país más afín a Cuba por cultura, idioma, pasado común… ha adquirido su couta de protagonismo. Todo empezó por Aznar, pasó por Moratinos y rematamos (de momento) con Jiménez. Partidos políticos diferentes, perfiles de Ministros diferentes y a la sazón posturas hacia la isla diferentes. Y digo yo ¿entre tanta diferencia serán capaces de encontrar un punto de entendimiento común?

  2. A FERNANDO
    A eso me refería yo cuando hablaba de la estrategia de la alta política que deja de lado a los ciudadanos y al pueblo cubano. El “juego” de Europa es clásico, tratando de quedar bien con todos, una suerte de “buenismo” que acaba por no convencer a nadie. La política exterior norteamericana, con republicanos o demócratas es casi siempre definida, nítida. La nuestra da un paso para adelante y otro para atrás o hacia la derecha y luego a la izquierda. Por eso va a ser toda una prueba de fuego para la nueva diplomacia de Ashton el caso cubano.

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