Con acento hispano

El legado universal de Lula

El próximo domingo 31 de octubre sabremos el resultado final, en segunda vuelta, de las elecciones presidenciales de Brasil. Sea Dilma Rousseff o José Serra el nuevo mandatario, nadie cuestionará el legado y la trascendencia de la era Lula no sólo para los brasileños sino para el tablero de la geopolítica mundial. Luiz Inácio Lula da Silva pertenece ya a la aún corta lista de personajes históricos del siglo XXI. Sus dos mandatos al frente de un Estado que por extensión – 8,5 millones de km2 – y población – 191,5 millones de habitantes – es la quinta potencia mundial, han situado a Brasil en la toma de decisiones del planeta, por algo más que el fútbol, la samba o los carnavales.

Llego a la presidencia brasileña con un único objetivo declarado: lograr que todos los brasileños pudieran hacer al menos una comida al día. La pobreza extrema y las ínfimas condiciones de vida de muchos de sus compatriotas debían ser el motor de su acción política. Casi un lustro de bonanza económica mundial le sirvieron para impulsar una política de desarrollo y crecimiento que muy pronto empezó a dar frutos. Una acción que se vio favorecida por la correcta herencia recibida de su antecesor, el presidente Cardoso, que puso las bases de garantía jurídica y estabilidad económica. Pero debía ser un hombre del pueblo que podía hablar el lenguaje de los meninos da rúa quien enfrentara a Brasil con su destino de futuro.

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De una manera u otra la joven democracia brasileña necesitaba de un líder popular, sindicalista y de convicciones radicales de izquierda para realizar el cambio de progreso más importante de su historia. Ocho años después de llegar al cargo, Brasil es la octava economía mundial, la mayor economía de Latinoamérica y la segunda de toda América. Pese a la crisis global, Brasil crecerá este año un 8%, el mayor de su continente y una cifra única en su historia. El milagro brasileño reconocido en los foros internacionales le ha granjeado de la mano de Lula la celebración de los Mundiales de fútbol en 2014 y de los Juegos Olímpicos en Río de Janeiro en 2016, con lo que la década que empezamos servirá de escaparate universal a Brasil.

Es evidente que Lula no ha hecho más que iniciar un camino, que muchos de sus anhelos se han quedado cortos y que aún el hambre, la delincuencia y la marginalidad siguen presentes en la vida del país canarinho. Como tampoco se puede caer en la mitomanía y bendecir la era Lula sin poner de manifiesto los continuos casos de corrupción que en su entorno más cercano gubernamental e incluso personal se han producido. Las sombras del personaje han sido también evidentes y corresponde a su sucesora o sucesor, regenerar la vida política y profundizar con más firmeza en el proceso de reformas que precisa Brasil para consolidarse definitivamente entre los grandes del mundo.

Con todo Lula ha navegado sobre aguas turbulentas dentro y fuera de Brasil. Internamente porque pese a que su personalidad es incuestionable, sus colaboradores han empañado demasiadas veces su brillo. Y fuera porque el contexto en la Región latinoamericana y en el mundo le han obligado a establecer dobles juegos y difíciles equilibrios diplomáticos. Sin poder renegar de su izquierdismo mítico, ha convivido entre abrazos con Fidel Castro y Hugo Chávez. Mientras mantenía relaciones más que amistosas con los presidentes norteamericanos, primero Bush y luego Obama. Y por intereses comerciales y estratégicos ha acercado postura con dictaduras como la China o con mandatarios mundialmente proscritos como el régimen iraní y su presidente Mahmud Ahmadineyad.

La mezcla de valentía, astucia y capacidad de liderazgo han hecho de Lula una personalidad amable para los mandatarios de las potencias mundiales, mientras que los pobres del universo veían en él un ejemplo al que seguir para incorporarse al privilegiado club de los seres humanos que no pasan hambre. En conjunto ese legado universal de Lula ha acercado los dos mundos, ha establecido un razonable, posibilista y eficaz diálogo entre ricos y pobres. Tan pragmático en sus planteamientos que sorprendió a toda América y más aún a los españoles, anunciando que oficializaba el castellano como lengua de los brasileños junto al portugués.

Este jubilado presidente – tiene 65 años – que se emocionó ante las cámaras en su despedida, nos ha demostrado a todos que con su aciertos y sus errores, en el mundo actual se puede recorrer el camino democrático hacia la igualdad sin acudir a las barricadas y sin enarbolar banderas ideológicas que solo llevan a la derrota. El trabajo incansable y la inteligencia en los planteamientos son los mejores aliados de quien de verdad quiere cambiar el mundo y Lula, cuanto menos, ha querido desde su Brasil amada, cambiarnos el mundo.

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Comments

  1. Hay momentos en la historia de un país en el que se deja de lado las ideologías para apostar por las personas. Existe un reducido, muy reducido por desgracia, número de políticos con un carisma y un saber hacer que consiguen impregnar su día a día de un áura especial. Y es gente que tiene en su labor de cara a la galería un trabajo tan complejo que lo acometen como si fuera sólo un saber estar. Gente especial, que marcan un antes y un después. Son personas que engloban un proyecto y hacen fuertes las ideas. El problema es que nada dura para siempre.
    La sombra de Lula es alargada y no parece sencillo encontrar un relevo. Las comparaciones son odiosas y parece que el próximo presidente brasileño va a estar juzgado con la lupa de su predecesor. Quizá no es justo, puede que la coherencia marque hacer un punto y aparte, pero de sobra es sabido que queda un enorme hueco que no va a ser sencillo llenar.

  2. Tienes razón Fernando pero creo que Brasil ha madurado mucho institucionalmente y la estabilidad está garantizada porque las autoridades económicas, tipo Banco de Brasil están al margen de la batalla partidista. Por otro lado Lula se ha implicado mucho personalmente en la campaña de Dilma Rousseff, caso de perder ésta parecería que el pueblo brasileño le da finalmente la espalda. Sin embargo, creo que de producirse el cambio será simplemente por ese grado mayor de madurez de Brasil. También Churchill perdió las elecciones a manos de las laboristas nada más concluir la II Guerra Mundial y no por ello ha dejado de ser un personaje histórico.

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