Con acento hispano

La profunda remodelación del Gobierno llevada a cabo el pasado martes por el Presidente José Luis Rodríguez Zapatero cierra no sólo un ciclo de acción del Ejecutivo, sino que supone un punto sin retorno en las políticas emprendidas por el líder socialista desde su llegada a La Moncloa en marzo de 2004. La sensación de fracaso de un proyecto, de un viaje a ninguna parte y de que todo ha sido para nada, no deja de estar presente en esta “traca final” que el PSOE instrumenta para intentar salvar los muebles ante las elecciones municipales y autonómicas de 2011 y los comicios generales de 2012.

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El socialismo español acosado por la crisis económica, la protesta sindical y el creciente malestar social, recurre a su particular catecismo: tratar de movilizar a su electorado tradicional – del que se calcula que más de tres millones de personas han podido alejarse – frenar el incremento de voto por la izquierda y el voto verde y abandonar las aventuras de inventar un país de nunca jamás. La izquierda de Peter Pan deja paso de nuevo a la izquierda posibilista pragmática, cuyo principal exponente fue Felipe González. ¿Y quién mejor que Alfredo Pérez Rubalcaba para protagonizar tal hazaña en clave restrospectiva? Fue el portavoz del postrero Gobierno de González, en pleno acoso de casos de corrupción y de prácticas de terrorismo de Estado. Gran comunicador, notable dialéctico, hábil negociador e incansable fontanero de las cloacas del Estado, Rubalcaba acapara ahora mucho más poder del que tuvo entonces: Interior, Portavoz – es decir exterior en las relaciones con los medios y la sociedad – y Vicepresidente Primero por si quedaba alguna duda de quien manda.

El PSOE se lanza a una compleja aventura de recuperar el tiempo perdido y el voto en desbandada, de una sociedad que ni era tan nueva como Zapatero pensó, ni tan inmóvil como los viejos felipistas piensan. Se acabaron los experimentos de paridad en el Ejecutivo, se acabaron las ministras del Vogue, las apuestas por la Igualdad, por la Vivienda para todos, la Dependencia como nueva herramienta de cohesión social, que se olviden los agraviados de la memoria histórica de volver a abrir una fosa más y menos mal que muchos homosexuales ya se han casado porque podemos volver en una siesta a la homofobia tradicional de los españoles.

Volvemos a donde siempre estuvimos y abandonamos la arcadia que solo la ciencia ficción del Zapaterismo con crecimientos del 4% del PIB nos permitió soñar. Ahora al PSOE le queda la labor de demostrar que sigue siendo capaz de hacer una política eficaz de centro izquierda, moderada en el fondo y en las formas, con el incondicional apoyo de PRISA, el grupo mediático que siempre le acompañó en su proceloso camino por el proyecto de construir un país de progreso en España. Lo demás quedará para el recuerdo de lo que fue y no pudo ser.

Pero que no se engañe nadie, los auténticos protagonistas de este particular golpe de Estado interno en el Partido Socialista no han sido otros que los barones autonómicos. Convertidos en una suerte de condenados a muerte en las próximas elecciones de mayo de 2011 ante el descalabro del PSOE expresado en las encuestas por la gestión e imagen del presidente Zapatero, los presidentes territoriales socialistas se han rebelado a su destino y han forzado una profunda remodelación del Gobierno y han situado a uno de los suyos en la secretaria de organización del Partido, Marcelino Iglesias. Controlan el Partido y tienen un Gobierno central de más peso político y mejor imagen. Condición necesaria para salvar los muebles. Pero, ¿es condición suficiente? Queda por ver si además de cambiar las caras y abandonar las utopías, el socialismo español tiene un proyecto para la España de la crisis, una respuesta a los retos de la sociedad europea en la que está inmersa y una agenda de actuación que los ciudadanos perciban como efectiva para mejorar la triste circunstancia por la que atraviesan. Les queda poco tiempo y el clima es tenebroso, solo tienen a favor un enemigo en el Partido Popular que esperaba tumbado a la sombra que la manzana cayera del árbol por la ley de la gravedad, sin saber que Newton fue desbordado por la teoría de la relatividad de Einstein y que a la velocidad de la luz la situación política puede cambiar si no se es capaz de reaccionar a los movimientos del contrario.

Tras seis años y medio el Zapaterismo ha muerto pero Zapatero sigue vivo y hoy por hoy, por mucho que algunos quisieran sigue firmando los decretos del consejo de ministros. Su sucesión queda para más adelante y mientras él sigue teniendo una envidiable capacidad de metamorfosis y de reinventarse a cada paso. Para quien sirva el comentario: que nadie de nada por hecho, queda mucho partido por jugar.

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Comments

  1. Esta traca final que apuntas y dado que la lengua de Shakespeare no guarda secretos para ZP, recuerda bastante a eso que por allí denominan como “Blaze of Glory”. En estas situaciones el actor principal, el protagonista de la acción, acaba cayendo no sin llevarse por delante antes a todo el/la/lo que se le ponga a tiro.
    Tengan esto en cuenta las actrices y actores secundarios de este mal “espaguetigüestern”, que tal y como está ahora su patrón esto tiene visos de acabar peor que los de Grupo Salvaje.

  2. Querido Juan creo que tienes razón y que pese a la capacidad metamórfica y de reinvención de Zapatero, ni el propio Proust sería capaz de recuperar el tiempo perdido por el PSOE dados los errores, cambios de rumbo y engaños que la mayoría de la clase política y la ciudadanía, según las encuestas, les atribuyen. En todo caso, lo veremos y, sobre todo, lo comentaremos.

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